Arte y espectáculosMúsicaRaúl Barboza, un genio con menos fama que talento que supo brindar su arte en la región

Juan Miserere28/08/2025
Compartir esta noticia
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

De manera inesperada, el miércoles llegó la noticia de la muerte de Raúl Barboza, el acordeonista que llevó el chamamé a Europa y que muchos comparan con Piazzolla. Porque el correntino (aunque nacido en Buenos Aires) fue para el género litoraleño lo que Astor al tango, por la trascendencia, por la transgresión, por el talento.

Barboza se murió en su casa de París, donde llevaba varias décadas viviendo. No hay sorpresa en la muerte de un hombre de 87 años, pero sí en la información recibida porque el músico estaba lleno de vitalidad. Este año estuvo presente en la región, fue protagonista de una de las noches del festival A Todo Pulmón en Santa Isabel.

En una de sus habituales giras por el país, Barboza llegó con su acordeón y se bajó en uno de los tantos pueblos de la Pampa Húmeda, con un guitarrista acompañante para ofrecer su arte y llenar de emoción al público, porque eso transmitía. Ese “Tren Expreso” que transporta a un viaje alucinante, ese chamamé tocado con la sutileza de los que son únicos, esa transmisión del legado de su sangre guaraní que supo llevar con orgullo hasta Europa.

Aunque nunca alcanzó la popularidad que mereció, siempre tuvo el respeto de sus pares, como aquella gira realizada en conjunto con Chango Spasiuk, que los trajo a Venado Tuerto (en 2013).

En realidad su llegada a la ciudad siempre estuvo asociada a la gestión de Paul Citraro, que a pesar de estar siempre relacionado al jazz, lo lleva a Barboza tatuado en la piel. Desde su admiración, gestó 14 producciones para el acordeonista: estuvo en la ciudad en 2007, 2010, 2013 y 2015. La última visita fue en 2018, en el marco de la celebración de los 80 años del músico, tocando en un Teatro Ideal que esa noche festejaba los 29 años de la recuperación de la sala. Para más datos, fue un viernes 24 de agosto y estuvo Rudi Flores como invitado.

En ese contexto, previo a su llegada a la ciudad, se realizó la entrevista que a continuación se reproduce y fue publicada originalmente en el diario El Informe.

——————————————————————————————————————————————

Del otro lado del teléfono, responde una voz serena y amable, que transmite paz y sabiduría. Es la de Raúl Barboza, auténtica leyenda de la música popular argentina, el responsable de haber insertado el chamamé en Europa. Hoy, con 80 años recién cumplidos, continúa haciendo giras y transitando escenarios, con la misma pasión de un joven. Será la sangre guaraní que corre por sus venas o tal vez la avidez por seguir expresando tanta libertad desde el lenguaje universal de la música.

Raúl Barboza en febrero de este año, en Santa Isabel. (Foto: Comuna de Santa Isabel)

Sé que estuve muchas veces en Venado Tuerto, que allí nació un bandoneonista maravilloso (¿Walter Ríos?) y también un pianista que vive en Estados Unidos (Leo Genovese) que me saludó y les iba a decir a su padre y su madre que me vayan a ver”, referencia el acordeonista al ser consultado por nuestra ciudad, a la que regresa hoy para presentarse desde las 21.30 en el Teatro Ideal, en el marco de los festejos por los 29 años de la recuperación de la sala.

Yo recuerdo todos los lugares donde voy, ya sea Japón, Rusia o Corrientes, pero los nombres, las personas y las fechas en setenta años de laburo se van diluyendo, aunque no se diluye la sensación de haber pasado momentos agradables en todos esos lugares donde he estado”, reafirma. En esta oportunidad Barboza estará acompañado por Nardo González, Roy Valenzuela y un invitado especial: el guitarrista Rudi Flores.

Son muchos años tocando juntos con mi banda y hemos aprendido a hacerlo de una manera totalmente libre, con arreglos espontáneos. Conocemos los temas y cada uno tiene en un momento determinado la necesidad de hacer algo que no estaba previsto. En mi manera de concebir la música es importante ejercer la libertad, entonces el repertorio puede ser el mismo durante tres días seguidos, pero siempre se va a escuchar algo distinto”, asegura.

-¿Siempre le gustó tocar de esta forma tan libre, o lo fue incorporando con los años?

-Al principio yo trabajaba los temas y teníamos arreglos previstos, porque uno se adapta a su propia capacidad. Pero yo siempre improvisé y con los años fui incorporando la manera de tocar de los tríos de jazz, y eso siempre me gustó cuando escuchaba a los grandes pianistas como Art Tatum u Oscar Peterson… y pensaba si pudiera hacer eso mismo en el chamamé qué lindo sería, para que cada noche haya un discurso diferente en el toque del instrumento. Yo trabajé muchos años para tener una mano izquierda como la de un bandoneonista, aunque nunca lo pude hacer tal cual. Pero toco el acordeón con mano izquierda como pocos lo hacen, no por ser un genio, sino por haber estudiado horas y horas durante años hasta que lo logré.

-¿Cuál es el lugar que ocupa el chamamé en Europa?

-Es una música totalmente nueva, porque la primera vez que los franceses escucharon la palabra chamamé fue en 1987, cuando yo llegué. Vieron en mí a un tipo raro, un argentino que no tocaba bandoneón ni tangos, con un rostro diferente del europeo. Yo explicaba como podía, hasta que un día apareció Astor Piazzolla y dijo cosas maravillosas del chamamé, que era un admirador ferviente de Isaco (Abitbol), (Ernesto) Montiel, (Tránsito) Cocomarola y Tarragó, teniendo además palabras sobre mi humilde persona, lo que abría las puertas a esta música. Si yo ocupo un espacio importante es porque este hombre con una enorme generosidad dijo lo que dijo, afirmando que para él sería imposible tocar un chamamé.

En Venado Tuerto, junto a Chango Spasiuk.

-¿Le gusta que lo comparen con Piazzolla?

-Yo no me siento incómodo, porque fue un amigo para mí, que lo conocí a los 24 años y él tendría veinte más que yo. La primera vez que yo toqué en París, él estaba sentado esperando que se abra el telón y me hizo señas… y yo pensaba cómo es posible que el maestro venga a escuchar a un tipo que toca chamamé pudiendo ir a ver a Peterson o a Ella Fitzgerald… pero ayudó a instalar esa música argentina que él amaba.

-En nuestro país el chamamé fue víctima de muchos prejuicios en determinados momentos, sobre todo desde una mirada porteña.

-Argentina era un país donde se hablaban otras lenguas, los primeros habitantes son nuestros ancestros aborígenes. Nosotros hemos sido conquistados y nos han quitado la lengua y las creencias espirituales. A los guaraníes se nos prohibió hablar guaraní en las calles y las escuelas. Hoy el guaraní, el mapuche y el wichi no pueden caminar por sus montes encontrando lo que tenían antes para comer: no hay pájaros ni abejas ni árboles y las aguas están envenenadas buscando el oro o metales preciosos. Por lo tanto, que la música no haya sido bien aceptada es una consecuencia de todo esto, pero no han podido cercenar el conocimiento de nuestros ancestros: yo aprendí a tocar y nadie me enseñó, no fui a una escuela de música y aprendí a escribir cuando tenía 60 años y ahora con 80 voy a comenzar a estudiar armonía porque todos los arreglos siempre los hice por vía oral. Y me gusta mucho estudiar.

-¿Cuál es el secreto para estar a los 80 años con tanta vitalidad?

-No hay que pensar que se tienen 80 años, porque la debilidad física puede venir a los 20, 30 o 50. El decaimiento espiritual depende de cómo uno ha tomado la vida. Yo me siento feliz de ser lo que soy: nunca pretendí tener casas ni autos ni estancias, ni dinero en los bancos. Yo me acomodo con lo que tengo, mi esposa me acompaña y tengo mucho con muy poco.

-Vive en Francia, pero siempre vuelve a la Argentina. ¿Cómo ve al país?

-Los argentinos tenemos que aprender a convivir en sociedad, somos un país muy individualista, y por ese motivo nos va todo mal. Yo conocí la Argentina cuando la gente tomaba mate en la vereda y se decía ‘buen día’. Recuerdo que hasta los 44 años yo nunca le puse llave a la puerta de mi casa y jamás me entró nadie, ahora hay que poner rejas… ¿Qué nos pasó? Yo veo todos los días a gente que se insulta y se dice cosas desagradables. Pero también me permito decir que hay gente que se levanta muy temprano y hace dos horas de viaje para ir a su trabajo, dos horas para volver y las ocho horas de trabajo… ¿Qué les queda? Treinta o cuarenta años de laburo para una magra jubilación, hospitales mal atendidos… son cosas que son vox pópuli. Veo ancianos que no se pueden curar porque no están los remedios… Muchos han dejado de sonreír por la desidia, y a mí me gustaría que la gente pueda sonreír y la anciana no tenga miedo de que el joven que pasa por al lado le pueda robar la cartera. Y la joven no piense que el hombre que pasa por al lado le puede faltar el respeto. Estas cosas habría que arreglarlas.

 

La foto principal es de Gabriel Carlini y corresponde a aquella presentación de 2018 en el Teatro Ideal.

https://www.venado24.com.ar/archivos24/uploads/2019/07/ESTEVEZ-BANNER-WEB-OKEY.gif