Arte y espectáculosCulturaMucho más que teatro: a 40 años de la creación del Grupo Apertura

Juan Miserere27/09/2021
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El tiempo resignifica los hechos y pone las cosas en su lugar, por eso cuando los protagonistas (o al menos algunos de ellos) se juntaron para conmemorar los 40 años de la formación del Grupo Apertura no sólo hablaron de teatro. Sí estaba el recuerdo de Rodolfo Aldasoro con su prédica y su manera de inculcarles a un grupo de jóvenes el amor por una forma de expresión artística, pero también tienen la certeza de que en aquellos oscuros años de final de dictadura estaban aprendiendo a vivir en libertad. Eso era –entre otras cosas- el Grupo Apertura, un lugar donde no existía la opresión que se vivía afuera, sino un ámbito donde se podía conocer otra manera de pensar y hacer, de crear y compartir.

Reunidos en una mesa, en una especie de conferencia de prensa, Horacio “Ñoti” Martínez, Carlos “Cane” Rosenzvaig, Mirna Castro, Carlos “Tato” Zattara, Pedro “Tato” Narvaiz y Horacio “Olaf” Spessot revivieron anécdotas, hitos e historias de aquella etapa que para todos resultó fundacional y que los marcó para siempre, aunque algunos siguieron vinculados al teatro y otros tomaron diferentes rumbos.

Somos discípulos de una persona que fue muy importante para nosotros: Rodolfo Aldasoro. Un hijo de Venado Tuerto que se fue en algún momento de su vida y volvió con toda su impronta para formar el grupo Apertura. Para él es nuestro recuerdo imborrable, porque junto a él aprendimos muchas cosas”, rememora Cane Rosenzvaig.

El nacimiento del grupo lo relata sin ahorrar detalles Tato Zattara: “Llegamos a Aldasoro a través de Tato Narvaiz, que tenía contacto con él. Yo había estado con Mirna, Elida (Pujadas) y algunos más haciendo teatro antes en el grupo Arlequín, con Tito Visentín y Oscar Barotto, pero se había disuelto. Tato Narvaiz era presidente de la Biblioteca Ameghino y me propuso hacer teatro en el lugar, le dije que no tenía director y ahí me habló de Aldasoro, que vivía en Rosario”.

Fue entonces cuando Zattara fue a verlo al director teatral a la casa de Raúl Bertolini, donde se encontraba parando unos días y “le dije que íbamos a conseguir la gente para empezar el taller de teatro. Convocamos a la primera reunión y fuimos solamente Rodolfo y yo, nadie más (risas). Yo no sabía dónde meterme porque le había prometido que juntaba la gente, pero con su grandeza Rodolfo me dijo que no me haga problemas y que íbamos a convocar de nuevo”.

Lejos de rendirse, Zattara buscó entonces entre los muchachos del club donde practicaba básquet: el Chanta. Entonces entusiasmó al Ñoti Martínez, Saúl Villegas, el Zurdo Peanovich y algunos más que se engancharon: “Después se fue sumando más gente: los hermanos Guillermo y Andrés Pieli, Cane, el Cuis Díaz, Olaf Spessot, María Juana Saade y mucha gente más que formó el Grupo Apertura”.

El peso del nombre

El punto de origen es el 26 de septiembre de 1981 y Mirna Castro resalta: “El nombre del grupo no era casual, sino que tenía que ver con un grito de esperanza porque íbamos hacia la apertura democrática, aunque todavía no se habían dado los acontecimientos que precipitaran su llegada”.

Es que a la par del teatro estaba la política: “Todos éramos militantes o estábamos próximos a los Derechos Humanos, nos reuníamos por esas cuestiones y queríamos participar en política, pero no se podía porque los partidos estaban proscriptos. Por eso el teatro fue un canal de expresión muy importante. Y el nombre del grupo de teatro expresaba un posicionamiento para ese tiempo”, refuerza Ñoti Martínez.

Mi actividad teatral la tomé como un grito de libertad en un momento en el que era muy difícil hablar de libertad, y el teatro es la expresión más cabal de la necesidad de la libertad de la persona, porque es la actividad artística por excelencia”, sostiene Cane Rosenzvaig.

Lo primero que hicieron fue teatro leído con tres obras cortas en el auditorio de la compañía de seguros Vigor, donde hoy funcionan los tribunales por calle Chacabuco. Pero la primera obra formal sería “Historias para ser contadas”, con muchas funciones en la vieja sala del Sindicato de Luz y Fuerza, donde había un escenario antes de que reformen el edificio. “Durante muchos años usamos al sindicato para ensayar y para presentar obras”, siendo uno de los lugares donde Apertura se desarrolló, además de la Biblioteca Ameghino.

Después sería el tiempo de otros hitos del grupo, como “Chejov informal” que fue la primera experiencia de teatro concert en Venado Tuerto, en el patio de la Biblio, antes de que existiera la sala Castalia. Y “El jorobadito”, la adaptación del cuento de Roberto Arlt, que estuvo mucho tiempo en cartelera y que fue representada por el grupo en el marco de los festejos del centenario de la ciudad, en abril de 1984, por iniciativa de Rosenzvaig, que formaba parte del primer gobierno democrático local.

La política presente

Antes de eso, se fue acentuando el perfil político del grupo. Por ejemplo, Carlos “Cuis” Díaz y Guillermo Pieli habían salido de la cárcel (donde habían caído por su militancia) y el Grupo Apertura fue la reinserción social para ellos. O Tato Narvaiz que había estado en el FIP de Abelardo Ramos. Por eso fue natural que Apertura integrara el Movimiento Luz, que en 1982 generó una serie de eventos públicos en reivindicación de los derechos humanos en la plaza San Martín.

Allí interpretamos el famoso poema de Bertold Brecht (aquel de ‘hasta que vinieron por mí’), lo personificamos en medio de la plaza y tuvo un fuerte impacto”, rememora Spessot, que se sumó en esa época al grupo.

El Movimiento Luz sumó a un montón de gente, no era solo teatro sino que había músicos, artistas plásticos, poetas y mucha de la gente que luego conformó el hito de la Biblioteca Ameghino, que en ese momento eran adolescentes”, añade Mirna Castro.

Justamente eso ocurrió cuando volvió la democracia y los integrantes de Apertura dejaron de habitar la biblioteca de calle Juan B. Justo para dedicarse a militar en política, la mayoría de ellos en el Partido Intransigente, que reunía a ex montoneros, ex ERP y expresiones de izquierda bajo la conducción de Oscar Alende.

Otra etapa

Pero el teatro continuó firme y el Grupo Apertura siguió su desarrollo artístico. De hecho nunca tuvo un final formal, sino que decantó en el Galpón del Arte, creado en 1987. “Había una necesidad que arrastrábamos con el tiempo de estar seguros en algún lugar, de tener un espacio propio. Anduvimos boyando un tiempo, hasta que se armó el Galpón”, recuerda Ñoti.

Y si bien los tiempos de la dictadura habían quedado atrás, había cosas que no cambiaban: “Hasta muy entrada la democracia venía la policía a ver qué estábamos haciendo en el Galpón, y nosotros los dejábamos pasar porque era preferible que lo vieran a que lo sospecharan. Cuando vino la democracia el teatro salió a las plazas, aparecieron los grupos callejeros, pero nosotros pertenecemos por historia al lugar de quedarnos con la pared atrás mirando a ver quién entra”, agrega.

En los primeros tiempos los afiches mencionaban que el Grupo Apertura presentaba en Galpón del Arte determinada obra, hasta que el lugar terminó imponiéndose como referencia y se dejó de hablar del grupo gestado en 1981. Pero el aprendizaje no se borra: “A través del teatro empezamos a aprender lo que significaba vivir en libertad, la convivencia democrática y el compartir”. Y 40 años después es justo abrazarse a ese recuerdo.

Fotos: Adelqui Bottazzi, archivo de Tato Zattara y Galpón del Arte

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