Arte y espectáculosMúsicaLa Vieja Putrefacta y Rukemboleh se unen para darle vida a “Yo, argentino”

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La canción “Yo, argentino” de La Vieja Putrefacta, con la animación y el arte gráfico de Rukemboleh, ya puede verse en el canal de Youtube de la banda. Una historia que nació entre canciones, redes sociales y una pasión compartida por el eterno Ricardo Iorio, terminó tendiendo un puente entre Buenos Aires, Venado Tuerto y las Sierras Chicas. En el medio aparecen Rukenboleh, el Loco Ezequiel Rozada, La Vieja Putrefacta y una canción que reivindica una parte de la historia y la identidad argentina.

Hay canciones que nacen en una sala de ensayo, otras en un bar, algunas después de una discusión y también están aquellas que aparecen casi por casualidad, cuando dos artistas que viven a cientos de kilómetros descubren que tienen mucho más en común de lo que imaginaban.
Esta historia tiene algo de todo eso.

En un extremo está Rubén Cabas, conocido artísticamente como Rukenboleh, un animador, dibujante y creador argentino oriundo de Burzaco, en el sur del Gran Buenos Aires. Su universo artístico está fuertemente atravesado por el rock argentino y, particularmente, por la figura de Ricardo Iorio. Su personaje del Tío Richard, inspirado en el imaginario de Iorio, se convirtió en una de las expresiones más particulares de ese universo.

En el otro aparece La Vieja Putrefacta, banda de rock and roll comandada por el Loco Ezequiel Rozada, un proyecto que hizo de la identidad argentina, el humor, la provocación y una mirada irreverente sobre la realidad parte fundamental de su propuesta.

La banda viene desarrollando desde hace años una estética propia, atravesada por el rock, el blues, el metal y la psicodelia, con una fuerte impronta en sus letras y en sus presentaciones.

Fragmento del videoclip dibujado por Rukenboleh.

Cayetano Silva, el punto de encuentro

El vínculo entre Rukemboleh y el Loco Ezequiel comenzó a través de una canción: “Cayetano Silva”, una composición de La Vieja Putrefacta dedicada al músico uruguayo que compuso la Marcha San Lorenzo y que desarrolló buena parte de su vida en Venado Tuerto. En el final de dicha canción aparece, además, un sentido homenaje a Ricardo Iorio y José Larralde, parte fundamental de la obra para que estos dos artistas terminen de encontrarse.

El tema imagina a Cayetano Silva trasladado al presente y convertido, de alguna manera, en un personaje más de la sociedad contemporánea. Con su particular mirada, Rozada lo utiliza también para hablar de la rebeldía, de la independencia y de la dificultad para encajar en determinados mandatos sociales.

La canción fue lanzada por La Vieja Putrefacta en 2025 y a partir de allí comenzó un intercambio entre ambos artistas a través de las redes sociales. Lo que inicialmente fue el contacto alrededor de una canción, terminó transformándose en una relación artística y personal que excedió las pantallas.

Del rock a las Sierras Chicas

La historia tuvo entonces un nuevo capítulo cuando Rubén Cabas, Rukemboleh, llegó a Villa Cerro Azul, localidad cordobesa donde actualmente reside el cantante de La Vieja Putrefacta.

El realizador llegó hasta allí para presentar su película El Tío Richard, profundizando el vínculo con Rozada, lo que terminó generando la colaboración plasmada en “Yo, argentino”, estrenada este fin de semana.

Un día, mientras compartían una charla junto al río, el Loco Ezequiel Rozada le cantó a Rukemboleh una milonguita que hasta ese momento formaba parte de ese universo de canciones que nacen lejos de los escenarios, casi como una conversación entre amigos.

Rubén Cabas escuchó. Y como suele suceder cuando una canción se cruza con alguien que también tiene algo para contar, aquella melodía comenzó a transformarse en un videoclip del universo del Tío Richard.

El videoclip de “Yo, argentino” funciona como una suerte de viaje por la memoria argentina. A través de la animación de Rukemboleh aparecen personajes, símbolos y episodios que forman parte del imaginario popular del país, en una sucesión de imágenes que mezcla historia, cultura, música, deporte y rock.

José Larralde ocupa un lugar destacado dentro de ese recorrido. También aparecen figuras como Pajarito Zaguri, Roberto Fontanarrosa y Luis Alberto Spinetta, junto a Diego Maradona y aquella inolvidable jugada que terminó con el gol de Claudio Caniggia frente a Brasil en el Mundial de Italia 1990.

También irrumpen el Gauchito Gil, Ricardo Iorio y hasta el célebre loro asociado a la figura del fundador de V8, Hermética y Almafuerte. Pero la canción no se limita a enumerar personajes queridos o reconocibles, sino que también plantea una mirada crítica sobre distintos momentos de la historia argentina y sobre la relación del país con las potencias extranjeras.

En el videoclip también aparecen referencias a problemáticas ambientales y territoriales contemporáneas. La canción plantea interrogantes alrededor del control del clima, la quema y destrucción de territorios en la Patagonia y la contaminación ambiental, incluyendo la creencia -expresada dentro de la propia obra- de que sustancias son arrojadas desde el cielo.

Unidos por un mensaje

La Vieja Putrefacta pone la música, Rukemboleh las imágenes.  La particularidad de “Yo, argentino” está también en la manera en que se construyó. No se trata simplemente de una canción acompañada por dibujos, sino que la música de La Vieja Putrefacta y la animación de Rukemboleh se necesitan mutuamente para completar el relato. Las imágenes no funcionan como una ilustración secundaria, sino como otra voz dentro de la canción.

Cada aparición suma una referencia, cada personaje trae consigo una historia. Lo que comenzó con una guitarra a orillas del río terminó convertido en una pieza audiovisual que puede verse en el canal de YouTube de la banda.

La canción, en definitiva, vuelve a demostrar que la identidad argentina puede ser contada desde lugares muy diferentes.

Desde un músico uruguayo que hizo historia en Venado Tuerto.

Desde un referente del rock pesado como Ricardo Iorio.

Desde un dibujante que convirtió a sus personajes en parte de su propio lenguaje.

Desde una banda que eligió el rock and roll para hablar de aquello que la rodea.

Y desde un pequeño rincón de las Sierras Chicas donde, casi de casualidad, una milonga terminó dando nacimiento a una nueva historia.

Esta vez, la canción tiene nombre y apellido: “Yo, argentino”. Un sentimiento que estos dos artistas tienen bien claro, del que se sienten orgullosos y que intentan llevar adelante cueste lo que cueste.

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