El experimento del Gobierno con la suspensión de retenciones al agro llegó a su fin antes de lo previsto. En apenas tres días, los exportadores aprovecharon el beneficio para anotar un volumen récord de embarques y ya se alcanzó el tope de u$s 7.000 millones fijado en el decreto 682/2025. Con ese cupo agotado, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) comunicó ayer que vuelven a regir los Derechos de Exportación.
El regreso de las retenciones no sorprende al sector, que desde el primer momento desconfiaba de la medida. En el mercado, la lectura es que el régimen fue más un “parche” que una estrategia económica. Lo cierto es que, tras la euforia inicial, ahora llega una etapa de incertidumbre, tensión en la cadena comercial y precios en baja.
El problema es doble: por un lado, los agroexportadores anotaron ventas millonarias sin contar aún con toda la mercadería en mano; por el otro, los productores comenzaron a retraer la oferta de soja al ver que los valores ofrecidos se desinflaban. El riesgo es que se instale una “sequía comercial” que frene operaciones en las próximas semanas.
El trasfondo internacional también mete ruido. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, deslizó que Argentina debe “poner fin a las exenciones fiscales para los productores de materias primas”, una declaración que habría acelerado la liquidación récord. Al mismo tiempo, el Gobierno argentino busca en Washington un salvataje financiero para afrontar los vencimientos de deuda de enero.
Así, el experimento que Luis Caputo presentó como un alivio para el campo terminó convertido en un nuevo motivo de bronca. La vuelta de las retenciones reinstala la desconfianza y promete abrir una etapa de disputas dentro de la cadena agroexportadora, donde todos terminarán perdiendo.







