El paísPolíticaProvinciaQuiebra de SanCor: el derrumbe de un emblema en una industria láctea en crisis

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La Justicia de Santa Fe declaró este miércoles la quiebra de la histórica cooperativa láctea SanCor, luego de que la propia firma solicitara esa medida al reconocer que no podía sostener su situación financiera ni avanzar en el proceso de concurso preventivo.

La resolución fue firmada por el juez Marcelo Gelcich, titular del Juzgado en lo Civil y Comercial de la 4ª Nominación de Rafaela, quien consideró que el proceso iniciado en 2025 había quedado definitivamente frustrado.

La empresa admitió una deuda cercana a los 120 millones de dólares y la imposibilidad de formular una propuesta viable para sus acreedores. En ese marco, el magistrado encuadró la situación como una “quiebra indirecta por frustración anticipada” del trámite concursal.

Una crisis que se agravó durante el concurso

El fallo describe un deterioro sostenido: la cooperativa continuó acumulando deuda a un ritmo cercano a los $3000 millones mensuales, sin generar ingresos suficientes para sostener la operación.

Al momento de la quiebra, registraba más de $12.700 millones en salarios adeudados, más de $6300 millones en deuda impositiva y previsional y más de $13.300 millones en compromisos comerciales, además del pasivo concursal en moneda extranjera.

La empresa no resulta económicamente viable en el mediano plazo”, concluyó el juez.

Continuidad operativa acotada

Pese a la quiebra, la Justicia dispuso la continuidad transitoria de la actividad en las plantas que aún funcionan, principalmente bajo contratos de fasón u otros esquemas que no impliquen generar nuevas deudas.

La decisión apunta a evitar un impacto inmediato sobre unos 900 trabajadores, proveedores y acreedores, mientras avanza el proceso judicial.

Como salida de fondo, se prevé la venta de la empresa o de sus unidades productivas, ya sea en conjunto o por separado, mediante un proceso de licitación.

Una crisis que excede a una empresa

El colapso de SanCor no es un hecho aislado, sino el emergente de un proceso más amplio que viene transformando la industria láctea argentina desde hace décadas.

A comienzos de los 2000, el sector estaba dominado por grandes empresas nacionales y cooperativas fuertes. Hoy, ese esquema dio paso a un mercado fragmentado, con pocas compañías de gran escala y una amplia base de industrias medianas y pequeñas.

Entre los factores que explican esta transformación, fuentes del sector mencionan la presión impositiva, la falta de previsibilidad económica, los controles de precios, los costos laborales, la incidencia sindical —con protagonismo de Atilra— y una creciente competencia informal.

“De las 30 empresas importantes de principios de los 2000, hoy quedan en pie apenas cuatro o cinco”, señalan desde la actividad.

Menos cooperativas, más multinacionales

Los datos reflejan un cambio profundo en la estructura del sector. Las principales empresas procesaban en 1994 el 67,4% de la leche del país; ese porcentaje cayó al 54,9% en 2021/22.

Pero el dato más significativo es la transformación del perfil empresario:

  • Las cooperativas pasaron de representar el 45% del volumen procesado a apenas el 6%.
  • Las multinacionales crecieron del 11% a más del 40%.

En ese proceso avanzaron grupos como Saputo, Danone, Savencia y Gloria Foods, que consolidaron posiciones en el mercado local.

Concentración global vs. fragmentación local

A diferencia de lo que ocurre en países líderes como Estados Unidos o la Unión Europea (donde pocas empresas concentran la mayor parte de la producción), en la Argentina el 70% del mercado está en manos de unas 700 industrias.

Lejos de ser una fortaleza, esa atomización implica menores niveles de competitividad en un negocio donde la escala y la eficiencia resultan determinantes.

En ese contexto, compañías con fuerte inversión en tecnología y automatización lograron ventajas claras. El caso de Saputo es paradigmático: multiplicó su capacidad de procesamiento reduciendo el peso de la mano de obra en sus costos.

El derrumbe de los históricos

El mapa empresarial también muestra una larga lista de caídas y cambios de manos: firmas como Milkaut, Ilolay o La Paulina dejaron de ser nacionales, mientras que otras directamente desaparecieron.

El propio caso de SanCor es el más emblemático. Supo procesar más de 4 millones de litros diarios y ocupar un lugar central en la lechería argentina. Hoy, su nivel de actividad es marginal en comparación con aquel pico.

Otras empresas, como Lácteos Verónica o ARSA, atraviesan crisis similares, mientras que varias pymes operan al borde del colapso.

Paradójicamente, la Argentina mantiene condiciones naturales excepcionales para la producción lechera y podría multiplicar su volumen actual.

Sin embargo, el sector enfrenta una combinación de problemas estructurales: mercado interno debilitado, dificultades para exportar excedentes, alta carga impositiva —que representa cerca del 39% del precio final— y un nivel significativo de informalidad.

A eso se suman antecedentes de controles de precios y restricciones a las exportaciones, que distorsionaron el funcionamiento del mercado.

Un final anunciado

En ese contexto, la quiebra de SanCor aparece menos como un hecho aislado que como la confirmación de una tendencia.

El derrumbe de una de las cooperativas más emblemáticas del país expone las dificultades de un modelo que perdió peso frente a nuevas lógicas de escala, capital y organización empresarial.

Mientras la demanda global de productos lácteos crece, la industria argentina continúa en retroceso, con el riesgo de seguir perdiendo actores y protagonismo en un mercado donde, por condiciones naturales, podría ser mucho más competitiva.

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