En una jornada que combinó el impacto de una victoria inesperada con una alarmante señal de desafección ciudadana, Manuel Adorni, candidato de La Libertad Avanza (LLA), se impuso en las elecciones legislativas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con el 30,02% de los votos. Sin embargo, el dato que marcará un antes y un después en la política porteña no fue el nombre del ganador, sino el nivel de ausentismo: con apenas un 53,27% de participación, se trató de la elección con menor concurrencia desde el retorno de la democracia.
Adorni, actual vocero presidencial y referente libertario, celebró su victoria desde el Hotel Libertador junto al presidente Javier Milei, quien proclamó: “Se pintó de violeta el bastión amarillo”, en alusión al histórico dominio del PRO en la ciudad. El segundo lugar fue para Leandro Santoro, de Ahora Buenos Aires, con el 27,46%, mientras que el PRO, liderado por Sylvia Lospennato, cayó al tercer lugar con un magro 15,89%, confirmando su estrepitosa caída en el distrito que gobernó durante más de 15 años.
“No son los resultados que esperábamos”, admitió Lospennato, visiblemente afectada. Santoro, por su parte, afirmó que “se ha cerrado un ciclo del abandono” y que “el PRO dejó de representar a los porteños”.
Más atrás quedaron el ex jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, con su lista “Volvamos Buenos Aires” (8,08%), el Frente de Izquierda con Vanina Biasi (3,17%) y Ramiro Marra, también de extracción libertaria pero enfrentado a LLA, con un escaso 2,61%. El resto de las fuerzas no superó el 2,5% de los votos.
Una victoria empañada por la desafección ciudadana
A pesar del triunfo libertario, el dato que más preocupa a analistas y dirigentes políticos es la escasísima participación electoral. El 53,27% de votantes que acudieron a las urnas representa una caída de más de 20 puntos respecto a las legislativas de 2021 (73,4%) y de casi 24 puntos en comparación con las generales de 2023 (76,7%). Incluso, en algunas comunas como la 1 —que abarca Retiro, San Telmo y Constitución—, la participación fue inferior al 41%.
Este fenómeno no es exclusivo de la Ciudad: en lo que va del año, provincias como Santa Fe, Chaco, Jujuy y San Luis también registraron caídas notorias en la asistencia electoral. Pero en CABA, bastión históricamente politizado y con tradición de fuerte implicación ciudadana, la señal es más grave.
Los expertos coinciden en señalar múltiples causas: el desdoblamiento electoral, la proliferación de listas (17 en esta elección), la desinformación, la creciente desconfianza en las instituciones y una sensación de desconexión entre la clase política y las preocupaciones reales de la ciudadanía.
El fin de una era, el inicio de otra
La caída del PRO al tercer lugar parece sellar un proceso de desgaste que ya había comenzado en elecciones anteriores. La capital, que fue epicentro del modelo de gestión macrista desde 2007, le dio ahora la espalda a la fuerza fundada por Mauricio Macri, con una contundencia que confirma su pérdida de centralidad política en el escenario local.
La irrupción de Adorni y el crecimiento de LLA consolidan un nuevo mapa político porteño, dominado ahora por la agenda libertaria y una retórica de confrontación con el “establishment político tradicional”. Sin embargo, esa consolidación convive con un problema estructural: cada vez menos ciudadanos se sienten representados por quienes compiten por sus votos.
Así, mientras Milei y Adorni celebran haber teñido de violeta la ciudad, una sombra más profunda se extiende sobre la democracia porteña: la del ausentismo, la apatía y la desafección. Una victoria que puede marcar un cambio de ciclo político, pero que también pone en evidencia una crisis de representación cuya magnitud aún no parece haber sido plenamente asumida por el sistema político.







