El paísPolíticaLa natalidad se desploma en Argentina: hubo 357 mil nacimientos menos en nueve años

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El mapa demográfico de la Argentina cambió de manera significativa durante la última década. En 2015 se registraron 770.040 nacidos vivos, mientras que en 2023 fueron 460.902 y, de acuerdo con los últimos datos oficiales disponibles, en 2024 la cifra volvió a descender hasta 413.135 nacimientos.

En apenas nueve años, el país pasó a registrar alrededor de 357 mil nacimientos menos por año, lo que representa una reducción cercana al 46%. Solo entre 2023 y 2024 la caída fue de aproximadamente un 10%.

Los registros muestran que no se trata de una variación circunstancial, sino de una tendencia sostenida de descenso de la natalidad.

El cambio también se observa en la cantidad promedio de hijos por mujer. Datos recientes del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ubican la tasa global de fecundidad argentina en torno a 1,2 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 considerados necesarios para el reemplazo poblacional.

En 2023, el organismo había informado una tasa de 1,33, mientras que documentos anteriores la ubicaban en torno a 1,4.

Una tendencia que también se observa en el mundo

La Argentina forma parte de un fenómeno demográfico de alcance global. Según la revisión 2024 de World Population Prospects, de Naciones Unidas, la fecundidad mundial se ubica actualmente en 2,25 hijos por mujer, frente a 3,31 en 1990.

Más de la mitad de los países y territorios del mundo ya presentan tasas inferiores al nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer. Además, cerca de uno de cada cinco registra niveles de fecundidad considerados “ultra bajos”, inferiores a 1,4 hijos por mujer.

Entre ellos se encuentran países como China, Italia, Corea del Sur y España.

Pero detrás de las estadísticas demográficas también aparece otra cuestión: el desplazamiento de la maternidad hacia edades más avanzadas y el impacto que esa decisión puede tener sobre la fertilidad.

Durante el XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), que se desarrolla en Buenos Aires entre el 16 y el 18 de septiembre, especialistas abordarán precisamente esta relación entre los cambios en los proyectos familiares y el envejecimiento reproductivo.

“La caída de la natalidad no debería analizarse únicamente contando cuántos niños nacen, sino tratando de comprender cuándo las personas desean tenerlos y qué ocurre entre ese deseo y la posibilidad biológica de concretarlo”, explicó el médico especialista en Medicina Reproductiva y presidente de SAMeR, Agustín Pasqualini.

El especialista señaló que los proyectos familiares cambiaron y que muchas mujeres deciden o necesitan postergar la maternidad.

“Hoy los proyectos familiares son distintos, muchas mujeres necesitan o eligen postergar la maternidad y eso es absolutamente válido. Nuestro desafío como médicos es que esa decisión sea informada”, sostuvo.

La fertilidad y la edad

Los especialistas remarcan que hablar de planificación reproductiva no significa promover la maternidad ni indicar tratamientos de fertilidad de manera generalizada.

El objetivo, plantean, es incorporar información sobre fertilidad a los controles de salud para que cada persona pueda conocer las posibilidades y limitaciones asociadas a la edad y tomar sus propias decisiones.

La edad continúa siendo uno de los principales factores que inciden sobre la fertilidad femenina. Con el paso de los años disminuye tanto la cantidad de ovocitos disponibles como, especialmente, la proporción de aquellos con capacidad reproductiva.

Este descenso adquiere mayor relevancia durante la segunda mitad de la década de los 30 y se acelera posteriormente.

En este contexto, una de las alternativas disponibles es la criopreservación de ovocitos mediante vitrificación, un procedimiento que permite extraer y conservar óvulos para un eventual uso futuro.

La American Society for Reproductive Medicine (ASRM) analizó la evidencia disponible sobre la criopreservación planificada y concluyó que las tasas de embarazo evolutivo y nacido vivo tienden a ser superiores entre quienes congelaron sus óvulos a menor edad.

Uno de los estudios analizados registró una tasa de embarazo clínico del 60,2% entre mujeres que habían criopreservado sus óvulos antes de los 38 años, frente al 43,9% entre aquellas que lo habían hecho a partir de los 38.

De todos modos, la misma guía advierte que la evidencia disponible no permite establecer una edad óptima universal ni garantizar una determinada probabilidad de lograr un nacimiento.

Las decisiones detrás de las estadísticas

Desde la asociación de pacientes Concebir, que este año cumple tres décadas, remarcan que detrás de las cifras existen situaciones personales y familiares diferentes.

“Hay personas que quieren tener hijos, pero postergan la búsqueda porque sienten que todavía no están dadas las condiciones económicas, laborales o personales”, explicó su presidenta, Ana Claudia Ceballos García.

También mencionó el caso de quienes, después de atravesar un tratamiento para lograr su primer hijo, deciden no buscar un segundo embarazo debido al desgaste emocional, físico y económico que implicaría repetir el proceso.

“Contar con información le permite a las personas tomar decisiones con más herramientas y evita que muchos lleguen a la consulta diciendo ‘si hubiera sabido esto antes, quizás hubiese hecho algo diferente’”, agregó.

Uno de los puntos que destacan los especialistas es que, con frecuencia, la primera conversación profunda sobre fertilidad llega recién cuando aparece una dificultad para lograr un embarazo.

En quienes postergaron durante años el proyecto reproductivo, ese momento puede coincidir con una reducción importante de la reserva ovárica y, principalmente, de la calidad de los ovocitos.

Por eso, proponen que el asesoramiento reproductivo pueda formar parte de los controles ginecológicos habituales antes de que aparezcan dificultades.

La consulta temprana permite revisar antecedentes personales y familiares, enfermedades o tratamientos que puedan afectar la función ovárica, además de conversar sobre la edad, el proyecto reproductivo y, cuando corresponde, evaluar la reserva ovárica.

“Tenemos que cambiar el momento de la pregunta. Durante mucho tiempo, la conversación sobre fertilidad comenzaba cuando aparecía una dificultad para lograr un embarazo. Hoy tenemos la oportunidad de empezar esa conversación mucho antes”, sostuvo Gonzalo Devoto, gerente médico de Endocrinología y Fertilidad de Merck.

Y sintetizó el planteo: “El objetivo no es decirle a nadie cuándo tener hijos. Es evitar que alguien llegue a los 40 descubriendo información sobre su fertilidad que hubiera querido conocer a los 25. No se trata de decidir antes. Se trata de saber antes”.

Fuente: Agencia Noticias Argentinas

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