El Índice de Precios al Consumidor (IPC) a nivel nacional registró en julio una suba del 1,9%, reflejando un nuevo episodio de aceleración inflacionaria, según informó este miércoles el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Con este resultado, la inflación acumulada en los primeros siete meses de 2025 alcanzó el 17,3%, en un contexto marcado por tensiones cambiarias y desaceleración económica.
La división con mayor incremento fue Recreación y cultura (+4,8%), mientras que Prendas de vestir y calzado mostró una leve deflación (-0,9%). En tanto, Alimentos y bebidas no alcohólicas —el rubro de mayor peso en la canasta— aumentó 1,9%, replicando la suba del índice general.
En junio, el IPC nacional había sido del 1,6%, apenas por encima del 1,5% de mayo. Sin embargo, en los principales centros urbanos las alzas fueron más pronunciadas, tendencia que se repitió en julio. Córdoba (2,2%), Ciudad de Buenos Aires (2,5%), Gran Buenos Aires (2%) y Santa Fe (1,9%) registraron variaciones por encima del promedio nacional.
Venado Tuerto por encima del promedio
El relevamiento del Centro de Estadísticas de la Facultad Regional Venado Tuerto de la UTN arrojó que la inflación local en julio fue del 2,1%, por encima del índice nacional. El dato implica una aceleración respecto al 1,8% de junio y ubica la inflación acumulada en la ciudad en 15,94% en lo que va del año, con una variación interanual del 39,4%.
En el desglose por rubros, Vivienda y Servicios Básicos lideró los aumentos con un 2,9%, seguido por Indumentaria y Educación, ambos con un 2,4%. Alimentos y Bebidas subió 2,3%, impulsado por el encarecimiento de productos frescos y bebidas.
En comparación, CABA acumula un 18,1% en 2025 y una inflación interanual del 40,9%, mientras que el INDEC, antes de conocerse el dato de julio, reportaba un acumulado nacional del 15,09% y un interanual del 45,79%.
El contexto: salto cambiario y presiones de costos
El mes estuvo marcado por un aumento del 14% en el tipo de cambio, en el marco de una “mini corrida” provocada por el fallido desarme de las Letras de Financiamiento (Lefi) del Banco Central. La tensión cambiaria impulsó una fuerte suba de tasas de interés y encendió alertas por un posible traslado a precios (“pass-through”), aunque el menor nivel de actividad económica habría atenuado el impacto inmediato.







