La inflación volvió a dar una buena noticia: en agosto se ubicó en el 1,7%, el nivel más bajo de los últimos 14 meses, según informó este jueves el Indec. El dato representa una mejora respecto del 2,1% de julio y confirma que el Gobierno de Javier Milei logró retomar el sendero descendente que había mostrado el índice en la primera parte de su gestión. De todos modos, este dato se da en un contexto de fuerte enfriamiento de la economía.
Con este resultado, el Índice de Precios al Consumidor acumula un 21,3% en los primeros ocho meses de 2026, mientras que la variación interanual llega al 33,5%.
Para el Gobierno, es una señal alentadora. La reducción de la inflación fue uno de los ejes centrales de su política económica y el dato de agosto parece darle la razón. Sin embargo, el contexto en el que llega este número es mucho más complejo de lo que sugiere el titular.
Dos días antes, el propio Indec había informado nuevas caídas de la industria y la construcción. Un día antes, había revelado que la minería también retrocedió por segundo mes consecutivo. La pregunta, entonces, vuelve a instalarse: ¿cómo se baja la inflación y cuánto cuesta hacerlo?
Una estrategia con costos
Desde el inicio de su gestión, Milei combinó un fuerte ajuste fiscal y monetario con una política de contención de la demanda, apertura de las importaciones y un peso relativamente apreciado frente al dólar. El resultado fue un marcado enfriamiento del mercado interno.
La menor demanda limita la capacidad de las empresas y los comercios para trasladar aumentos de costos a los precios. La competencia de productos importados también ayuda a contener determinados valores. Bajar la inflación es, sin duda, una buena noticia. El problema es que la desaceleración puede explicarse tanto por una mejora de las condiciones macroeconómicas como por una economía que consume menos. Y los datos de actividad muestran que esa segunda explicación pesa cada vez más.
Ganadores y perdedores
La economía argentina mantiene sectores con capacidad de crecimiento, sobre todo aquellos vinculados a las exportaciones y a la explotación de recursos naturales. Pero la historia es distinta en las actividades que dependen del mercado interno y que, además, concentran una parte importante del empleo.
Industria, construcción y comercio siguen sin encontrar un camino de crecimiento sostenido, sobre una situación que ya venía deteriorada desde el tramo final del gobierno anterior.
El esquema económico elegido por Milei apunta a una transformación estructural: menos gasto público, disciplina monetaria, apertura comercial y mayor protagonismo de los sectores exportadores. El costo de esa transformación es una economía doméstica que todavía no logra recuperar plenamente el consumo y la actividad.
Por eso, el 1,7% de agosto es una buena noticia en materia inflacionaria, pero no alcanza por sí solo para determinar si la política económica está construyendo una recuperación sostenible.
Vivienda y servicios, lo que más aumentó
El informe del Indec también muestra que la desaceleración no fue pareja en todos los rubros. La división que más aumentó en agosto fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un 2,8%, impulsada principalmente por alquileres y servicios regulados. Le siguió Educación, con un 2,5%.
También hubo aumentos importantes en bienes y servicios varios (2,4%) y salud (2,4%), este último vinculado, entre otros factores, a los incrementos en prepagas y medicamentos.
En el otro extremo, Recreación y cultura no registró variaciones, mientras que Prendas de vestir y calzado cayó 0,6%.
Los precios regulados subieron un 2,2%, principalmente por los movimientos en electricidad, gas, transporte público y prepagas. La inflación núcleo, que excluye los componentes más volátiles, fue del 1,8%. Los precios estacionales, en tanto, descendieron un 0,9%, debido sobre todo a la baja en paquetes turísticos y prendas de vestir, aunque ese comportamiento fue parcialmente compensado por aumentos en verduras, tubérculos, legumbres y frutas.
En Alimentos y bebidas no alcohólicas, el Indec señaló que fue la división con mayor incidencia en la variación mensual en las distintas regiones del país, principalmente por los incrementos en verduras, tubérculos y legumbres, frutas, pan y cereales.








