El apagón masivo que este jueves afectó a gran parte del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) volvió a exponer un problema estructural del sistema eléctrico argentino: la insuficiencia de inversiones en el transporte de energía. Aunque en la capital y el conurbano la reposición del servicio fue relativamente rápida, el episodio reavivó un debate que en Venado Tuerto y el sur santafesino ya tuvo una expresión mucho más cruda y prolongada a fines de 2025.
El corte en el AMBA se produjo alrededor de las 14.45, cuando salieron de servicio cuatro líneas de alta tensión de 220 kV vinculadas a la subestación Morón de Edenor. La falla provocó la pérdida inmediata de unos 3.000 MW y dejó sin suministro eléctrico a cerca de 800 mil usuarios en barrios porteños y en numerosos distritos del conurbano bonaerense, desde Campana hasta zonas céntricas de la Ciudad de Buenos Aires como Recoleta. En medio de una jornada con temperaturas cercanas a los 36 grados, se registraron semáforos fuera de funcionamiento, demoras en subtes y trenes, complicaciones de tránsito y comercios sin energía.
Según información oficial, dentro de la primera hora más del 90% de los usuarios inicialmente afectados ya había recuperado el servicio. Sin embargo, el alcance del apagón y el colapso simultáneo de líneas de alta tensión volvieron a poner bajo la lupa la saturación del sistema de transporte eléctrico en el AMBA, un problema que arrastra años sin resolverse de manera estructural.
Distintas miradas coinciden en señalar que el trasfondo es la falta de inversiones en infraestructura crítica. Proyectos clave para reforzar el transporte de alta tensión en el área metropolitana, como los denominados AMBA I y AMBA II, quedaron paralizados pese a contar con financiamiento externo ya acordado. En su lugar, el Gobierno nacional avanzó con soluciones paliativas, como sistemas de almacenamiento con grandes baterías, cuya entrada en funcionamiento está prevista recién para 2027 y con costos muy superiores al promedio del sistema eléctrico.
Un antecedente más prolongado en Venado Tuerto y el sur santafesino
Este debate no resulta ajeno para Venado Tuerto ni para la región. El pasado 28 de diciembre de 2025, un desperfecto en el sistema de alta tensión de la Empresa Provincial de la Energía (EPE) derivó en un apagón mucho más prolongado que el ocurrido esta semana en Buenos Aires. La explosión e incendio de un transformador de intensidad en la estación transformadora de Firmat dejó fuera de servicio a la subestación y provocó un corte generalizado en una amplia franja del sur santafesino.
En Venado Tuerto, la interrupción del suministro se extendió durante cerca de ocho horas. Recién alrededor de las 4.30 de la madrugada comenzó a normalizarse el servicio, tras una noche completa sin energía eléctrica.
Dos escalas, un mismo problema
Si bien la magnitud demográfica del apagón en el AMBA fue muy superior, la experiencia de Venado Tuerto dejó en evidencia un aspecto clave: cuando las fallas se producen en niveles de alta tensión y no existen redes de respaldo suficientes, los cortes pueden prolongarse durante horas, con consecuencias directas sobre la vida cotidiana y la prestación de servicios básicos.
Ambos episodios, con escalas y tiempos distintos, exponen una misma fragilidad estructural. Sistemas de transporte eléctrico exigidos al límite, obras estratégicas demoradas y decisiones que priorizan soluciones transitorias configuran un escenario en el que cada pico de demanda vuelve a encender las alarmas.
En ese contexto, el apagón en el AMBA no solo fue un hecho aislado de una tarde calurosa. Funcionó también como recordatorio de un problema que en ciudades del interior, como Venado Tuerto, ya se sufrió con mayor duración y menor visibilidad nacional, pero con un impacto igual o incluso más severo para la comunidad.
(Foto de portada: Leandro Heredia / TN)







