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Un clásico de otra época que se reedita: volvió el “club del trueque” a Venado

Politica

Con la premisa de que es un juego de “dar y recibir”, vecinos de diferentes puntos de Venado Tuerto, se juntan durante la semana para intercambiar bienes, servicios o “conocimientos”. El sistema de economía solidaria, comenzó a funcionar en 1999, tuvo épocas de parate y en los últimos meses, el contexto social y económico del país los “obligó” a ponerlo en marcha otra vez. Hoy se encuentra bajo el puente de 2 de Abril y Runciman.

Además de los beneficios que implica satisfacer necesidades materiales, este espacio es un ámbito propicio para el encuentro, el establecimiento de vínculos cooperativos y solidarios, para potenciar a quienes desarrollan emprendimientos familiares y asociativos e intercambiar experiencias. La lista de productos y servicios es bien amplia. La participación es sin ningún costo y abierta.

Para el presidente de la comisión vecinal del barrio San Martín, Orestes Tisera, es como “la bolsa de comercio” que ven por televisión, pero de la “pobreza”. El vecinalista, cuenta que yendo a un almacén le sugirieron que hagan algo para que vuelva el trueque.

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Y el argumento era que había (y hay) muchas necesidades tanto en la periferia como en la zona sur de Venado. Palabras más, palabras menos, así surgió. Cuenta con apoyo de la Municipalidad.

Primero fue los lunes. Y como la concurrencia aumentaba, decidieron hacerlo los miércoles. Pero en los últimos meses, ante el incremento de participantes, extendieron a tres las jornadas, llegando a los viernes. El sistema y la forma de “dar y recibir” es simple y trasparente.

Los tres días, la cita es desde las 15 hasta pasadas las 17, cuando la luz del día comienza a apagarse. “No hay plata, solo papeles”, reconoció Tisera. Es para aclarar, que abunda la presencia de participantes mujeres, muchas veces acompañadas por sus hijos: “Si hacemos algo ante la crisis, es por y para el pobre. Y la realidad es que estamos viviendo una situación preocupante”, remarcó.

El intercambio, como forma de vida

Nancy Nuñez, cruza la ciudad literalmente de punta a punta cada vez que el “club” arma una juntada. Hace más de 10 años que se mueve dentro del circuito. Dice que es un modo de vida, donde “salen adelante” todos juntos, porque “es una gran ayuda para la gente con la situación que estamos pasando en el país”.

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Sostiene que la idea es “muy buena” y que le “encanta participar”, e insiste en agradecer a quienes brindan el espacio fijo. “Estamos bien después de luchar mucho para tener un lugar en condiciones. Por eso queremos que no se pierda y que siga vigente”. Fue contundente al asegurar que en lo que va del año, es mucha la gente que se fue sumando, “por ropa, mercaderías o frazadas” y que es algo “impresionante”.

Por su parte, Bety Leiva, dijo que la gente lleva para intercambiar cosas en buenas condiciones que no usa, que luego la venden por puntos (bonos): “Si no tienen el ‘cartoncito’, empiezan el circuito para conseguirlo. Van ‘truequeando’. Y se convierte en un juego de dar y recibir”, como se llama la propuesta.

“Yo estoy hace 10 años y para mi, junto a mi familia, es una gran ayuda, una terapia y diversión. Y sí, hay mucha gente, más en esta época, que se viene agregando”, sostuvo.

Finalmente, Edith Quinteros, aseguró que gracias al trueque, “salió adelante” y que incluso pudo criar a sus hijos. “Si traen ropa, tiene que ser en buenas condiciones y limpia. El calzado, en bolsas. O si es comida, con fecha de elaboración y vencimiento. Incluso gente de comercios vende por puntos”.

Y agregó: “La comida es lo que más se busca. O ropa para nenes chicos que esté en buenas condiciones. Hubo un tiempo que estuvo flojo. Pero yo nunca abandoné. Y ahora se nota mucha presencia. Más gente y movida”.

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Economía naturalista

El Club del Trueque de Venado Tuerto, fue creado en noviembre de 1999. Llegó a tener en plena crisis económica del 2001 más de 1500 familias participando. Hoy cumple una importante función de ayuda a las familias que por diferentes motivos están fuera del mercado laboral formal. De esta manera, pueden adquirir bienes y servicios. Actualmente, cuenta con unas 70 familias participando y el número va creciendo con los días.

Post 2001 y cacerolazos

En la ciudad se usaba en un principio el sistema canadiense, que consistía en anotar todos los movimientos en un cuaderno. Eso era más trasparente y significaba un cambio más radical respecto al dinero, que el sistema de imprimir bonos o créditos. Además permitía hacer estadísticas sobre el funcionamiento.

Pero consumía mucho tiempo controlar todos los movimientos, que tuvieron que pasar al “billetito” y los bonos. De todos modos, lo revolucionario era que la gente lo imprimía o bien como hacen ahora, los buscan en un comercio local.

No se pueden acumular demasiados puntos a favor, sino que el que ofrece algo también está obligado a consumir. Lo que se pretende es que uno de, pero que también ayude a los demás a que puedan dar. Es un sistema solidario, más que acumulativo.

Nota: Pablo Rodríguez/ Transmedia VT

 

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