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Mi cumbia eres tú

Sociales

Las parejas bailan apretadas y las luces están tenues. El bajo hace vibrar las panzas, abundan los punteos de guitarra, las melodías del acordeón y el clásico sonido del güiro. El público es adulto, no hay pibada. Se mueven en grupo y casi nadie anda solo. Muchos llevan vasos llenos en sus manos.

El baile o la bailanta, el lugar donde el laburante llega cada sábado después de juntar el mango en la semana, para olvidarse del mundo, despejar la mente o divertirse. Cualquier excusa tiene validez. El fin es bailar. El medio que lo justifica, es que la música suene fuerte.

La mística de que el grueso del público bailantero es del más trabajador, no se discute. Ni se niega. Así lo entiende por ejemplo Horacio Uruzuna, uno de los empresarios que actualmente se encarga de poner en funcionamiento el único boliche “bailantero” de Venado.

Se trata de “La Barra Bailable”, ubicado en Ruta 8 y Alvear. Hace poco más de un año abrió sus puertas y junto a la histórica “Fábrica Bailable” de Elortondo, son los únicos dos de este estilo en el sur santafesino.

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Uruzuna no niega que su público es bien trabajador. De esos que se curten fuerte el lomo todo el día de lunes a sábado y juntan el mango para irse a bailar el fin de semana. En su local, cada vez que abren tienen adentro entre 350 y 500 personas, donde el target de público es de 25 a 50 años. Son quienes no van a un boliche porque hay menores o no le gusta la bailanta tradicional. El asunto es amplio: se baila toda la noche y con las luces bajas.

Es decir: la gente que va al boliche bailable de Venado es la que le gusta salir a divertirse, encontrar a otros de su edad y evita caer en espacios donde no encaja. Entre los habitué y los que hacen el circuito, ya se conocen. Hasta saben identificar a los nuevos o los que caen por primera vez.

En muy corto tiempo, pasaron la mayoría de bandas locales. Y los ya “consagrados” o los “históricos” como “El Gordo” Luis, Media Naranja, Roció Quiroz y La Cumbia. Entre los santafesinos, llegaron al tuerto venado la nueva versión de “Trinidad”, Los Bam Band, el “Brujo” Ezequiel y El Combo 10.

Los precios de las entradas oscilan en $120 los hombres y $80 las mujeres, que hasta la 1 de la madrugada si son de Venado entran gratis. Si vienen de más lejos, esa franja horaria se estira un poco más. Los sábados por radio, regalan entre 60 y 70 entradas gratis a quienes van a buscar. ¿Lo que más se toma? El champagne con bebida energizante.

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A lo lejos, un gordito con la cara de Shaggy de Scooby Doo, me hace señas y me pide por favor que borre una foto que le había sacado diez minutos antes, abrazado a una chica. “Si mi señora la ve, me cuelga”. Le muestro la instantánea, la borramos juntos. Se ríe, me da la mano, me convida un trago y se va.

Pasaron 20 minutos de las 4 de la mañana. El show estaba previsto para las 3:30, pero se demoró. Un locutor de timbre grueso y remera básica ajustada, anuncia el espectáculo de la noche. Dice que es la nueva voz de la cumbia romántica santafesina. La gente se aprieta abajo del escenario, que está atrás de unas barandas sobre un primer piso y un suelo de portland.

Empieza a cantar Romina Canaveccio, guardo el celular y enciendo mi cámara. Abajo no dejan de moverse. Se aprietan, se abrazan, se besan. La música les cala hondo. El espectáculo se puede disfrutar. Los más fanáticos se apuran a atesorar un recuerdo y graban con sus celulares. Prenden el flash para que mejore la calidad del video. Desde arriba, el paisaje del baile se vuelve interesante.

Las letras de Romina Canaveccio no tienen para nada una temática contestataria. Su perfil está aferrado al romanticismo, el amor o las relaciones de pareja. Para escribir sobre ella, me subí a una traffic y la acompañé una tarde de domingo que actuaba en el balneario de Teodelina. También la seguí a “La Barra” en Venado Tuerto. Y entre tanto hablar o recoger testimonio, la mejor definición me la dejó por Whatsapp: “No quiero levantar el ritmo. Quiero llegar de esa manera.  Con ese estilo propio. Esa es la idea”.

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Sabe lo que quiere y lo que hace. La música no es tomada como hobby, sino que es su profesión. Vive y trabaja de salir de gira, tocar los fines de semana, ensayar horas y horas. Arrancó hace poco menos de dos años con el armado de la banda y hace seis meses que el proyecto empezó a tomar fuerte vuelo.

Ese empuje, la llevó a agendar entre uno y dos shows por fin de semana. No solamente en Venado, también en los pueblos de la región, Rosario, Santa Fe y programas televisivos de renombre en la movida tropical como “Pasión de Sábado”, al que vuelve este año a presentarse en vivo. Es simpática. Ríe todo el tiempo y se le hacen pocitos en los cachetes cuando eso pasa. Es exactamente la misma persona arriba como abajo del escenario. Esta  especie de “fama” no le quita el sueño. Ni la humildad.

Se la juega por la cumbia santafesina. Pero la versión más romántica, como la que pusieron de moda entre los 90 y 2000 los “Trinidad”, Leo Mattioli, Uriel Lozano o Dalila. Reconoce que es un tanto “más difícil” para llegar a la gente, porque no es tan bailable. Es más para disfrutar en vivo, de las letras o alguna reversión que hacen. Es lo que eligió.

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Tiene 27 años, dos hijos y nueve hermanos. Es la única artista de la familia. Entendió que tenía que buscar un perfil de cantante que sea aceptable. Y hacia ahí fue. No admira o idolatra a otros colegas, pero sí de todos siempre saca algo. Aprende y se nutre. No es cerrada. Insiste en que es distinta y que no tiene interés en ser igual a los demás. Su objetivo es seguir conservando la originalidad.

Está terminando su primer material discográfico: “Yo soy Romina Canaveccio”, ya grabado en Santa Fe, en el participa la cantante Eugenia Quevedo, ganadora del programa televisivo “Talento Argentino” en 2010 y del Premio Gardel como “Nuevo Artista Tropical” en el 2017. El cd se va a conseguir en todo el país.

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Admite que es difícil moverse en un ambiente donde históricamente fueron mayoría los hombres. Ella está sola en su grupo. Pero con la diferencia de que por tanta rutina, se convirtieron en una familia. Vive de esto. Su vida pasa por la cumbia.

El año pasado debutó precisamente en Venado. Recuerda los nervios, la ansiedad. Una mezcla rara de emociones. Pero con ganas de mostrar por lo que se prepara día a día. Termina agotada después de cada espectáculo, pero feliz de brindarse al público.

Las canciones casi siempre las elige Romina. Los músicos participan. Consensuan entre todos las letras y la melodía. Actualmente, barajan la posibilidad de grabar un segundo disco apenas lancen el primero. Pero también quieren cruzar las fronteras y llegar en el transcurso del 2018 a Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil o Uruguay.

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La cumbia santafesina, es un género musical surgido en la ciudad de Santa Fe. Se distingue por tomar como instrumento principal a la guitarra y el acordeón. Fue fuertemente influenciada por la cumbia colombiana. Otra característica distintiva con respecto a otros subgéneros de la cumbia argentina es que sus letras tienen principalmente una temática romántica.

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Comenzó en la década de 1970 de la mano de “Los Palmeras” y “Los Cumbiambas”, quienes adaptaron la cumbia colombiana introducida al país por grupos como el “Cuarteto Imperial”. Pero el acontecimiento que terminó de definir el género fue la aparición del grupo “Los del Bohío” quienes sumaron la guitarra como instrumento principal.

Estos primeros grupos se caracterizaban por su amateurismo y por las dificultades a las que se enfrentaban para conseguir fondos que les permitieran grabar su material. Es en ese momento cuando fue clave la figura de Martín “Chani” Robustiano Gutiérrez, quien reunió fondos para que se pudieran realizar esas grabaciones. En su honor se celebra el “Día de la Cumbia Santafesina” todos los 5 de noviembre cuando se cumple un nuevo aniversario de su fallecimiento.

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A mediados del 2017 se abrió en Rosario la primera Escuela de Cumbia del país, impulsada por la Secretaría de Desarrollo Social y la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario. Fue a través del programa Ceroveinticinco, que consta de un espacio de estudio que invita a un recorrido por los diferentes estilos de cumbias, sus características e influencias: cumbia villera, cumbia base, cumbia colombiana, cumbia norteña y cumbia santafesina.

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Es gratuita y está destinada a aquellos jóvenes que tengan alguna formación musical y quieran capacitarse en este género. La carrera dura dos años y se dicta en el Galpón de la Música (Estévez Boero 980), de abril a noviembre.

Comprende el aprendizaje de cinco instrumentos: bajo, percusión, guitarra, teclado y voz. También hay una materia que se llama “Cuerpos” que tiene que ver con apropiarse del cuerpo e incorporarlo a la escena, más con un género que hace bailar. También se cursa Investigación e Historia Latinoamericana donde se ven los distintos recorridos que tuvo la cumbia en los diferentes lugares. Se estudia la Composición de canciones, Análisis de Texto y Lenguaje Musical.

Ya está abierta la inscripción para el segundo año. En la primera edición participaron cerca de 50 alumnos de diferentes ciudades de la región.

 Crónica de Pablo Rodriguez/Transmedia Venado Tuerto

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