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Villa Divisa de Mayo resiste los embates del tiempo

Politica

A la vera de la Ruta Nacional Nº 33, exactamente en el kilómetro 667, se encuentra el paraje conocido como Villa Divisa de Mayo o “Tamborini”. Perteneciente al distrito de Chovet, para llegar hasta allí desde el casco urbano del pueblo hay que recorrer 12,5 kilómetros. Hoy un total de ocho familias (más de 20 personas), resisten al paso del tiempo y continúan aferrados a su tierra natal, con el apoyo de la nueva gestión del gobierno local.

Décadas atrás, entre cuatro y cinco, el lugar supo tener diez veces más de población e incluso la Escuela Nº 6317 “Bernardino Rivadavia” –todavía activa-, superaba los 60 alumnos matriculados. Hoy, entre hijos de puesteros y algunos chicos del pueblo, apenas llega a media docena la cantidad de estudiantes que hacen que el establecimiento siga funcionado.

Hubo correo, carnicería, almacén de ramos generales, “boliche” y eran famosos los bailes o torneos de bochas, en el único gimnasio “cubierto – salón” cuyas instalaciones se prestaba para los usos múltiples. También hubo canchita de fútbol y solían realizarse grandes jineteadas con tropillas de toda la región.

 La costumbre en el 2018 sigue siendo la reunión familiar de vecinos, actuales y ex, de varios puntos de la zona sur santafesina. Pero la frecuencia ya no es tan intensa. Esto último, es quizás la identidad aparte que tiene el pueblo. La comunión y el lazo entre actuales y anteriores habitantes.

Su medio de vida, para la diaria, proviene de Chovet y puede agregarse como dato que cuentan con electricidad, teléfono y un barrio tipo FONAVI construido en la época del ex presidente comunal, Alfredo Calatrava.

Hoy la realidad es otra. Son contadas con una mano las manzanas que están habitadas, donde la mayoría de sus moradores se queda por una cuestión laboral y netamente ligada a la actividad agropecuaria. En común, la gran mayoría de los actuales habitantes, nacieron y se criaron allí, en Villa Divisa de Mayo. O “Tamburini”.

Por cierto. Según la leyenda, tuvieron el último boliche de campo de la pampa húmeda.

 Un ex vecino, que ahora da una mano

VILLA 2 BUSQUET

Tras un lustro casi de inactividad, el paraje ahora está apostando a mejores condiciones. Detrás de esta meta, se encuentra el actual presidente comunal, Sergio Busquet, que estuvo junto a personal del gobierno local, realizando tareas básicas de mantenimiento, pero que hacía años no se hacian: cortar el pasto, barrer las calles y limpiar los cordones.

“Es un lugar que siempre estuvo bien acomodado. Pero lamentablemente en los últimos años lo dejaron abandonado”, dice, y cuenta que por eso estuvieron trabajando con el personal comunal para satisfacer las necesidades y los medios de vida de quienes habitan “Tamborini”.

Para Busquet, el abandono en la anterior gestión de gobierno fue muy grande. “Es gente que pertenece a nuestro pueblo y tiene que estar ordenado como queremos que esté”, remarca.

También recuerda haberse criado y estudiado en Villa Divisa: “Yo tengo 54 años y me crie acá. Somos todos de esta zona. Fui a la escuela en ‘Tamborini’. Tengo muchos recuerdos lindos. Los vecinos que quedaron pasaron toda su vida en Villa Divisa. Pero la gente se fue yendo de a poco y con el abandono, menos ganas tenían de estar”.

Hasta el último día

VILLA 3 MENNA

Hugo Menna nació hace 70 años en “Tamborini”. Se dedica al campo y destaca que entre 30 y 40 años atrás, el ritmo diario era mucho más intenso. “Había muchos habitantes y en la escuela cerca de 60 o 70 alumnos. La gente se fue yendo a Chovet o a otros pueblos”, sostiene.

Para don Menna, vivir allí es “tranquilísimo”. Cuenta que su familia está bien y que en una época fueron bastantes más, “sobre todo contando a la gente que trabajaba en el campo. Y los fines de semana, que era muy concurrido, mucho más que ahora”.

Afirma que se queda junto a su señora, porque más allá de tener su campo en estas tierras, no les falta nada. “Tenemos todas las comodidades que necesitamos. Hay teléfono, luz y la ruta a cincuenta metros. Estamos tranquilos”. Y se anima casi sin querer a sumar nuevos pobladores: “Que vengan con mucha tranquilidad a vivir a ‘Villa Divisa’. Acá no falta nada”.

VILLA 4 CAZZARI

Roberto Cazzari, es otro de los corajudos que se le anima al paso de los años en el lugar que lo vio crecer. “Tengo 67 años y vivo en Villa Divisa hace 39. Ahora por ejmplo tenemos pavimento. Antes era barro. Hasta los yuyos están cortados”, manifiesta. Y pondera que se estén empezando a ocupar de su paraje y que las calles comienzan a ordenarse

Pero no puede evitar sentirse triste cuando recuerda que cada vez son menos: “Hay mucha gente que se fue por el colegio de los chicos. Había de todo. No faltaba nada. Todavía recuerdo a la gente llegando en sulky o en autos viejos a los bailes”.

Al igual que don Hugo, sigue eligiendo a “Tamborini”, por la tranquilidad por sobre todas las cosas. “Hoy es lindo porque estar acá es vivir tranquilos”. Y rescata finalmente que la relación entre vecinos sea buena, aunque ya estén todos grandes en edad. “Los jóvenes se van. Mi hija por ejemplo se casó, estudió abogacía y solo viene de visita. Pero yo planeo quedarme todo lo que más pueda. Hasta donde llegue”, resume.

Lo que dice la historia

En el libro “Las Hornallas”, de Placido Glera, el autor cuenta que el gobierno de Santa Fe al aprobar la traza del pueblo que lleva el nombre de su fundador, Alberto Chovet, al paraje se lo conocía por Estación Chovet, del Ferrocarril Rosario a Puerto Belgrano. Y que a su alrededor se formó un pueblo que fue el comienzo del distrito.

Si bien la traza del pueblo se aprobó en 1923, establecida como fecha fundacional, se puede afirmar que Estación Chovet fue el primer asentamiento de la localidad.

Pero de acuerdo con versiones que se fueron transmitiendo de generación en generación, el primer asentamiento poblacional y comercial se dio en lo que hoy se conoce popularmente como “Tamborini”.

Allí posteriormente, el arquitecto Fernández Díaz creo el pueblo Visa Divisa de Mayo que por diversas causas –aunque su traza fue aprobada- no se desarrolló.

Nota y fotos: Pablo Rodriguez / Transmedia VT

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