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Patagonia: Estados Unidos alerta sobre la base china… mientras construye la suya

América

Aunque la noticia de los últimos meses fue la presencia de vehículos del Ejército del país norteamericano trasladando piezas para construir una base en Neuquén, lo cierto es que el New York Times publicó hoy en su tapa un extenso análisis sobre la presencia oriental para mantener su cercanía al yacimiento de Vaca Muerta.

Ambas bases fueron negociadas durante el último gobierno de Cristina Fernández y luego avaladas por el Gobierno de Mauricio Macri, autorización y aval se produjeron en un contexto de desesperación de ambos gobiernos por captar inversiones a toda costa y a cualquier costo.

Lo cierto es que las sospechas de los Estados Unidos (que está en plena guerra comercial con China) sobre la  base construida por el ejército chino en la Patagonia han alcanzado a su diario más prestigioso.

Es que, más allá de que la antena de 450 toneladas encastrada sobre un edificio de una altura similar a la de un edificio de 16 pisos tenga como fin oficial controlar la misión espacial de China, lo cierto es un potencial “Caballo de Troya” del país asiático en la región y, muy probablemente, una base desde la que hacer espionaje.

Estas sospechas son las que pone sobre la mesa el New York Times en un artículo publicado en la tapa del sábado bajo el título “From a Space Station in Argentina, China Expands Its Reach in Latin America”, en el que advierte el riesgo que implica la base, no para Argentina, sino para los Estados Unidos.

“La base solitaria es uno de los símbolos más impactantes de la estrategia que Pekín lleva implementando desde hace tiempo para transformar Latinoamérica y dar forma al futuro de la región, a menudo a través de maniobras que socavan directamente el poder político, económico y estratégico de Estados Unidos en esta”, señala la nota escrita por el periodista Ernesto Londoño, corresponsal en la región del periódico.

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Epígrafe: la base de la agencia espacial china

Si bien afirma que “los funcionarios argentinos dicen estar eufóricos por apoyar esta iniciativa”, la nota advierte que “la manera en que se negoció la base —en secreto, cuando Argentina estaba desesperada por captar inversiones— y las preocupaciones de que esta pudiera mejorar las capacidades de China para recabar información en el hemisferio han detonado un debate en Argentina sobre los riesgos y beneficios que implica dejarse arrastrar a la órbita de China”.

El artículo también cuestiona la “poca atención en el hemisferio” que puso Estados Unidos en la última década, en contraposición con el “plan de gran alcance en Latinoamérica” de China, que “ha expandido el comercio de manera considerable, ha rescatado gobiernos, construido enormes proyectos de infraestructura, fortalecido los lazos militares y ha asegurado inmensas cantidades de recursos, así, ha enlazado su destino al de varios países de la región y viceversa”.

Ese plan, según el New York Times, se vio fortalecido ante la buena recepción de los “presidentes de izquierda” que a mediados de los 2000 “querían una región más autónoma y desafiaban la primacía que Washington tenía sobre América Latina y que en gran medida daba por sentada desde el final de la Guerra Fría”.

“A pesar de que hay lugares de América Latina que están dando un giro hacia la derecha en términos políticos, los dirigentes de la zona han adaptado sus políticas para satisfacer las demandas chinas. El dominio de Pekín en una gran parte de la región, y lo que significa para la relación con Estados Unidos, se ha vuelto cada vez más evidente”, continúa la nota.

La nota recuerda que la estación satelital y de control espacial comenzó a negociarse “en secreto” cuando durante la presidencia de Cristina Kirchner Argentina quedó fuera de los mercados internacionales de crédito y China se convirtió “en una bendición” para el Gobierno.

“Los expertos aseguran que las antenas y otros equipos que se utilizan de respaldo en misiones espaciales, similares a las que tienen los chinos en la Patagonia, posiblemente aumenten la capacidad de China para recabar información”, es otro de los análisis que plantea.

Asimismo, recuerda los ejercicios militares conjuntos que organizó China en la región “adoptando el manual estratégico que Estados Unidos había utilizado en todo el mundo”, como misiones navales “sin precedentes en la costa brasileña en 2013 y en la chilena en 2014).

La falta de atención de los Estados Unidos en la región fueron evidenciados por John Feeley, quien acaba de renunciar a su cargo de embajador estadounidense en Panamá después de casi tres décadas de carrera.

“Desde el final de la década de los ochenta en realidad nunca ha habido una estrategia exhaustiva y a largo plazo relacionada con el hemisferio”, contó.

También el exsecretario de Estado Rex Tillerson advirtió recientemente que Latinoamérica no necesitaba nuevas “potencias imperiales”, y añadió que China “está utilizando su política económica para meter a la región en su órbita; la pregunta es ¿a qué precio?”.

El artículo cita también al actual embajador argentino en China, Diego Guelar, que si bien defendió la relación con ese país, advirtió que el acuerdo que firmó el kirchnerismo para la construcción de la base no especificó que solo podía ser utilizada para fines específicos.

Era realmente serio, en cualquier momento podría convertirse en una base militar”, advirtió.

 

 

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