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Estados Unidos y el Efecto Poselectoral un país partido, ¿Trump debilitado?

América

Los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes (diputados) y debilitaron a Trump, ya que los Republicanos pierden el control de la Cámara Baja después de 8 años. Si bien la ola de enojo hizo que la asistencia electoral para unas elecciones de medio término fuera histórica (votaron 100 millones de personas, contra sólo 30 en la última midterm). Sin embargo los republicanos también se movilizaron, y aunque la “ola azul” (demócrata) movilizó más gente –hubo un 57 por ciento de votos “liberales” contra 43 por ciento de conservadores-, el hecho de que se votara para Senadores en algunos de los estados más conservadores (“rojos”) llevó a que Trump incrementar su representación en la Cámara Alta.

Aunque la mayoría demócrata en diputados bloquearía varias de las medidas más polémicas de Donald Trump, el nuevo mapa electoral siembra dudas sobre la capacidad que tendrían los demócratas en la próxima elección presidencial, a pesar de contar aún con la mayoría del voto popular: en un país con colegio electoral que tiende a sobre-representar a los estados más pequeños, muchos de ellos conversadores, Trump mantiene intactas sus chances.

Eso sí, los estadounidenses han escogido un Congreso con más mujeres y más diversidad racial y religiosa que nunca. Incluso eligieron al primer gobernador abiertamente gay: el demócrata Jared Polis.

Balance de un día histórico
El Partido Demócrata ha recuperado este martes el control de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, tras ocho años de mayoría republicana, y ha dejado debilitado lo que queda de mandato de Donald Trump. No ha logrado, sin embargo, asestar el que hubiera sido un golpe letal para la agenda republicana, ya que los conservadores mantienen el Senado.
Se abre una etapa de incertidumbre, pues los controvertidos sueños trumpistas de levantar un muro con México para frenar la inmigración o la liquidación de la reforma sanitaria de Barack Obama quedan heridos de muerte. El descontento con el presidente, uno de los gobernantes más impopulares y divisivos de la historia reciente, ha movilizado a los votantes progresistas en unas elecciones legislativas marcadas por la alta participación y el reflejo de un tiempo nuevo. Los estadounidenses han escogido un Congreso con más mujeres y más diversidad racial y religiosa que nunca.

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Foto: Los demócratas celebran la victoria de Maria Cantwell en Washington. JACQUELYN MARTIN (AP) / VÍDEO: ATLAS

La conquista de la Cámara baja por parte de los demócratas mueve las placas tectónicas en Washington. El presidente ha gobernado hasta ahora desde la Casa Blanca con la tranquilidad de que “al otro lado de la avenida Pensilvania también reinaban los suyos”, pero el cambio de mayoría conlleva muchos problemas para el republicano. Los demócratas podrán bloquear la aprobación de leyes, ya que requieren el visto bueno de ambas partes del Capitolio, e impulsar sus propios proyectos legislativos, aunque luego se den de bruces con el muro republicano en el Senado. También disponen de los votos necesarios para iniciar investigaciones sobre Trump y sus negocios, e incluso impulsar un proceso de destitución (impeachment), aunque difícilmente prosperaría, porque necesita dos tercios de los senadores.

La llamada ola azul, color con el que se identifica al partido de Barack Obama y Hillary Clinton, llegó sin fuerza suficiente para arrastrar a la Cámara alta, una empresa sumamente difícil en tanto que solo se renovaban 35 de los 100 escaños y la mayoría, 26, eran demócratas. De hecho, los republicanos consolidan su mayoría en el Senado manteniéndose al menos con 51 representantes.

 

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