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Irlanda: ganaría el sí a la despenalización del aborto

Europa

Los primeros sondeos ratifican lo que decían las encuestas previas. Las dos encuestas a pie de urna daban ayer viernes por la noche, minutos después del cierre de los comicios, una contundente victoria al sí (68%, en un caso, y 69,4% en el otro) en el histórico referéndum sobre el aborto en Irlanda. El resultado definitivo de la consulta, en la que los irlandeses decidían si reformar o no uno de los regímenes más restrictivos del mundo, ya que la interrupción del embarazo está prohibida en una cláusula constitucional. El resultado determinará si la equiparación de Irlanda en materia social con el resto de Europa es irreversible o si, por el contrario, si habilita a sus legisladores a aprobar una ley que permita interrumpir el embarazo voluntariamente hasta un máximo de 12 semanas.

El sí ha centrado su campaña en que el aborto es una realidad en Irlanda y la estricta regulación exporta de manera hipócrita el problema, a costa del sufrimiento de las mujeres. Cada año, cerca de 3.500 mujeres viajan al extranjero a abortar y 2.000 más adquieren ilegalmente píldoras abortivas en Internet, arriesgándose a penas de cárcel. La campaña del no ha defendido que la propuesta del Gobierno va demasiado lejos y oculta un “aborto a demanda”, a pesar de que el proyecto de ley equipararía la normativa irlandesa con las de los principales países europeos.

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Sondeos

Los sondeos a pie de urna dan una contundente victoria al ‘sí’ en el referéndum del aborto en Irlanda, incluso en el epicentro de la Irlanda más católica. Solo entre los mayores de 65 años se imponía el “no” por un 58 por ciento. Debe destacarse además que miles de irlandeses emigrados retornaron a sus países para votar a favor de la medida.

El primero de los sondeos realizado por Ipsos para The Irish Times, a partir de 4.000 entrevistas en los colegios electorales, da una abrumadora victoria al sí, que habrían apoyado más de dos tercios de los votantes (68%). Un resultado que, de confirmarse, superaría las expectativas más optimistas de los partidarios de legalizar el aborto. La segunda encuesta, con 3.000 entrevistas, publicada por la televisión pública RTÉ un poco después, amplía aún más la victoria del sí, a un 69,4%.

Se trataría, si no se equivocan los sondeos a pie de urna, de una mayoría sustancialmente mayor que la que apoyó en la consulta de 2015 el matrimonio entre personas del mismo sexo (62%), y mayor también que la que, en 1983, permitió la introducción de la Octava Enmienda a la Constitución (67%), que sirve de base para la prohibición casi total del aborto que este viernes los ciudadanos parecen haber rechazado con sus votos. Los sondeos revelan que el sí habría ganado incluso en la Irlanda rural. “Parece que vamos a hacer historia mañana”, tuiteaba poco después de la publicación del último sondeo el primer ministro, Leo Varadkar, que ha apoyado el sí como todos los líderes de los partidos con representación parlamentaria. El recuento comienza el sábado a las 9.00 de la mañana, hora local, y los resultados definitivos se concerán a media tarde.

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Revolución silenciosa

“Lo que hemos visto es la culminación de una revolución silenciosa que ha estado teniendo lugar en Irlanda durante los últimos 20 años”, ha dicho este sábado por la tarde, sin esperar al recuento, el primer ministro, Leo Varadkar. “El pueblo ha hablado. Ha dicho que necesitamos una Constitución moderna para un país moderno”. Varadkar, que apoyó el sí como el resto de líderes de los partidos con representación parlamentaria, ha confiado en que la nueva legislación sobre el aborto esté aprobada antes del final del año.

En las urnas, abiertas entre las 7.00 y las 22.00, ha terminado este viernes una polarizadora y emocionante campaña electoral que ha sacado a la calle el conflicto latente en Irlanda entre un conservadurismo social, construido durante décadas por una Iglesia Católica que se resigna a su pérdida influencia, y una juventud cosmopolita y viajera que rechaza el modelo de sociedad en el que ha crecido. Pase lo que pase, el estigma ha caído y la conversación, para bien o para mal, es imposible ya de acallar.

Los votantes se han pronunciado sobre si se retira o no la Octava Enmienda, añadida en la Constitución de la República de Irlanda tras un referéndum en 1983, que equipara el derecho a la vida de una mujer embarazada con el de su feto. Esa es la base de una prohibición casi total del aborto, incluso en casos de violación, incesto, anomalía fetal o riesgo a la salud de la madre, matizada por una ley de 2014 que, tras el escándalo por la muerte por septicemia de una mujer la que se le negó un aborto, añade una excepción para casos de riesgo de muerte de la madre.

Si gana el no, el régimen seguirá como hasta ahora. Si gana el sí, como indican los dos sondeos a pie de urna encargados, el Parlamento estará autorizado a legislar para regular la interrupción del embarazo, a partir de un proyecto de ley propuesto por el Gobierno, que contempla el aborto legal para todas las mujeres en las primeras 12 semanas de gestación. Después, hasta las 24 semanas, las mujeres embarazadas estarían autorizadas a abortar si su vida o su salud estuvieran en riesgo (algo que deberían acordar dos médicos) y si el feto no pudiera sobrevivir fuera del cuerpo de la madre.

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