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A propósito del nuevo Hospital: El templo

Columnista invitado

Por Fabían Vernetti*

Mi hija Samanta está viviendo lejos, en Italia. Desde allá me escribe que pronto se abrirán en Venado las puertas de mi templo. Se refiere al nuevo Hospital Alejandro Gutiérrez. Lo dice porque solíamos compartir caminatas, y la meta inexorable en todos estos años era ir hasta el ciclópeo edificio en construcción. 37 cuadras de distancia, una hora de marcha a buen ritmo, un recorrido total de 7,4 kilómetros. Aunque siempre tardamos más, porque nos deteníamos a contemplar conmovidos como iba tomando forma su construcción.

Entre las pocas cosas que creo, creo en la política. Mi hija lo sabe, por eso dice eso.

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Y allí está: 20.000 metros cubiertos, la obra más gigantesca que alguna vez se haya hecho en nuestra ciudad y la región. Construido de modo ideal, sin escatimar un centavo, con los materiales y equipos más avanzados. Para salvar vidas, prevenir dolor, garantizar el máximo bienestar dable. Diseñado para que la estadía de quién le toque estar allí sea lo más apacible posible. Quién lo transite sabrá del trascurso del día: por sus inmensos ventanales ingresa el sol, el cielo, las estrellas, la luna, el verde parque en que está enclavado.

Mil millones de pesos y la humanidad como idea fija.

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Lo recorro y me digo: Acá la plata no vale. Éste lugar maravilloso y sagrado es una isla libre de desigualdades sociales, de individualismo, de egoísmo feroz, de competencia, del sálvese quien pueda, del capitalismo y su sociedad de mercado. Acá no importa dónde te dejo la cigüeña, la suerte que tuviste o no al nacer, ese azar que no transfiere  mérito alguno, aunque muchos no lo entiendan. Acá no se compra ni se vende nada. Lo tenes por el simple hecho de ser, de haber nacido humano.

Este edificio enorme es un monumento. No a la caridad ni la misericordia (que llega solo a veces y en parte), sino a la idea de igualdad y de justicia que debe reinar entre integrantes de una misma especie. La plasmación del amor, del acto de incluir a todos en nombre de todos.

Allí está, anda a verlo. Recorré el edificio sintiendo su poética perfección: es el Estado, es la Política. Esos inventos de la humanidad, esos experimentos sociales, comunitarios, tan necesarios para dialogar, entendernos, organizarnos. Siempre perfectibles pero nunca superados.

Siempre denostados por quienes no les falta nada y les sobra mucho.

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Pero también, asumamos con tristeza, denostados estúpidamente por quienes dependen en buena medida de ella. Dice Bretch: “El analfabeto político se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostitución, el menor abandonado, el asaltante. Que el costo de la vida, el precio del poroto, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o del remedio, dependen de decisiones políticas”.

Recorré el nuevo hospital y sentí la fuerza de la política, su ideal, su conmovedora belleza. Es el socialismo, el concepto de humanidad que nos abarca a todos, que persigue derechos universales, las mismas posibilidades y oportunidades. No importan los diferentes nombres de los partidos y sistemas políticos a lo largo del mundo. Bajo infinitas banderas y maneras solo existen en la historia y en nuestro destino dos caminos posibles y contrapuestos: el que se basa en la ley del más fuerte, y el ideal del socialismo, que es la idea de una humanidad única, sin exclusiones.

El nuevo hospital es fruto de políticas públicas al servicio de la gente. Son los recursos públicos bien administrados. Tu plata que vuelve en beneficio no solo de vos, sino de todos, también de tu vecino, y del que vive en otro barrio, en casa de chapas y come mal. Por eso el nuevo hospital te beneficia aún si tenés la suerte de no necesitarlo. Disfrutalo, porque te hace solidario, mejor persona.

El nuevo hospital es una muestra insolente de políticas correctas, de buenos gobiernos, de honestos dirigentes, en medio de un país vergonzoso e irracionalmente injusto.

Quisiera creer que no es mi templo o de algunos, sino el templo de todos. Entremos al nuevo hospital provincial y sintamos el poder de la política, de que es posible la buena política, y de que es el único camino digno que tenemos.

 

* (Nota escrita y enviada por el concejal socialista a Venado 24)

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