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Análisis: Cerebros y Almas, al escáner

Tomás Lüders

No es inocente que en la época del cuidarse y resultarse atractivo hoy se hable, vía neurociencia, de la personalidad reducida al cerebro.

En la supuesta era del cuidado del cuerpo, es el eterno retorno del viejo positivismo que vuelve, muy laicamente, al rescate del alma aislada del otro. También al supuesto rescate de los afectos, claro, también aislados: fue el agnóstico Hume quien adaptó la “despreciable” concupiscencia de Santo Tomás a la ética utilitaria de búsqueda de la felicidad a partir de la pasión supuestamente alejada de cualquier moral artificial.

Sin embargo, nada resulta más disciplinador para ese pobre cuerpo que un cuerpo-emvace. Ahora, en lugar de castigarlo… se lo entrena y cuida, se pide armonizarlo con el cerebro, dando por sentado de esa forma que estarían naturalmente separados.

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Como antes el cuerpo disciplinado y flagelado y luego el cuerpo sano e higienizado, ahora es el cuerpo “cuidado” el revoque de la misma máquina eficiente y ordenada.

Al mismo tiempo, nada más disciplinador, justo en la época en la que no se reprimiría el deseo, que el mandato a conocer los propios “sentimientos y emociones” (neurociencias dixit) y programarlos en función de supuestos deseos e intereses, también programables. Por el camino se extravía todo misterio, todo pliegue a intentar recorrer sin necesariamente revelar, en definitiva, toda sensualidad y toda poesía… a la sazón, la única causa capaz de sostener el deseo.

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