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Opinión: Redistribución de cápitas y crisis de la salud privada en Venado

Mauro Camillato

Por Mauro Camillato

La salud privada en Venado Tuerto está en crisis, esto no es ninguna novedad y hasta se podría decir que hace varios años que esto sucede. Lo paradójico del tema es que mientras tanto desde lo público contamos con uno de los hospitales más modernos del país  pero también es cierto que en el ámbito privado nunca en nuestra ciudad hubo tanta tecnología en un nosocomio como existe hoy en el San Martín.

Pero el gran problema, que se ha incrementado con el reciente cierre del Beroiz, es la falta de camas y la lógica y denigrada atención. Uno de los ejemplo de esto: no existe guardia pediátrica activa en los nosocomios privados

Estamos lejos de otras épocas donde en Venado convivieron hasta cinco sanatorios, el fuerte proceso de monopolización culminó provocando lo que tenemos.

La polémica desatada estos últimos días luego que Emilio Venturelli, propietario del San Martín, denunciará que sin aviso previo desde PAMI le quitaron 4 mil cápitas para pasárselas al Castelli debería servir para abrir un debate serio sobre la historia reciente y las causas que nos llevaron a esta situación.

De hecho Venturelli es un actor fundamental en el sistema de salud privada local, no solo porque es el titular del centro de salud nombrado sino también (y esto no es un dato menor) porque paralelamente es desde hace varios años el presidente del Círculo Médico local.

Pero además fue uno de los que manejo el PAMI en nuestra región durante la infame década del 90 cuando la titular nacional era ni más ni menos que la recordada (no justamente por su buena gestión) Matilde Menéndez, Dicho sea de paso durante la administración Menéndez se impuso el perverso sistema de cápitas, que tiene como característica que se le paga a un sanatorio o una clínica una suma fija por un número también fijo de afiliados, hayan recibido o no una prestación. Esto es lo que provoca la lógica lucha por obtener el mayor cantidad de cápitas, que encima se dan a “dedo” como quedó demostrado en el caso reciente.

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De cinco sanatorios a “uno y medio”

Alguna vez en tiempos no tan lejanos en Venado existían los sanatorios San Martín, Chapuy, Castelli, López y Sur. La historia siguió con los dos últimos fusionándose y convirtiéndose en Ciudad posteriormente con la compra del Sindicato de Camioneros se convirtió en el renovado Abel Beroiz (a su inauguración realizada a finés de noviembre del 2008 vino el propio Hugo Moyano). Mientras que algo similar pasó con los dos primeros que pasaron a manos de Venturelli, quien se desprendió del edificio en donde funcionaba el San Martín y trasladó todo a la propiedad en la que estaba el Chapuy.

Estos claros procesos de monopolización de la salud privada continuaron con la triste historia del Beroiz, que a pesar de haber sido inaugurado hace solo 10 años con bombos y platillos de la mano del gremio más importante del país, terminó languideciendo. El efector contaba con 35 camas, ocho de ellas en la unidad de cuidados intensivos (terapia y unidad coronaria), una sala de partos y dos quirófanos.

En junio del 2017 empezaron a trascender las informaciones sobre la crisis del nosocomio ubicado en la avenida Casey que tuvieron en su origen  enfrentamientos en el propio Sindicato de Camioneros que culminaron con el virtual abandono del centro de salud. Ahí nomás apareció en escena Emilio Venturelli con distintas versiones que sostenían que se iba a hacer cargo del mismo. Así culminó alquilando las camas desde julio a octubre del 2017 y luego fue el propio secretario general de Camioneros, Sergio Aladio, quien envió a sus representantes legales a comunicarle a los trabajadores que a partir del 1º de noviembre del 2017 se efectuaría el traspaso del efector a la órbita del Sanatorio San Martín, a través de un contrato de locación por 10 años, sin embargo, nada de esto sucedió.

De todos modos Venturelli,  ni lerdo ni perezoso (tampoco había demasiadas opciones habida cuenta de la crisis que también estaba atravesando el Castelli en ese momento) se  aseguró quedarse con las 3500 cápitas de PAMI que tenía el Beroiz (cifra similar a la que ahora le terminan quitando) y hasta trasladó el único internado que había en el efector de calle Casey al  San Martín. Mientras siguieron la idas y vueltas sobre la posible compra por parte del médico/ empresario venadense que nunca se llevó a cabo y finalmente el 26 de abril llegó la peor noticia (a escasas jornadas del Día del Trabajador) fueron despedidos definitivamente los 26 empleados que seguían resistiendo a la espera de a esa altura, un milagro.

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Esta semana apareció nuevamente en Venado  Sergio Aladio y prometió que pronto reabrirá el sanatorio, pero eso es otra historia que puede llegar a quedar en otras de las tantas promesas vertidas desde el sindicato.

Por su parte, el Castelli arrastraba una crisis casi terminal desde hace un par de años, de hecho pocos días atrás salió el llamado a concurso de acreedores de los anteriores propietarios del nosocomio, clara maniobra para entregárselo  “limpio” al grupo rafaelino Tita S.A (quienes ya se hicieron cargo de la administración desde hace un par de meses). Dicho grupo tuvo (y tendría aún) una fuerte vinculación con el actual presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti. Es más Lorenzetti según relata Carlos Del Frade en su libro “La porfiada esperanza: La lucha de la Asociación Médica del Departamento Castellanos”  Lorenzetti fue el abogado  y accionista de una gerenciadora del PAMI en Rafaela que en los 90 manejó el grupo Tita  y que fue el punto de partida para monopolizar la salud en la localidad del centro-oeste santafesino. Luego se expandieron y su poderío llegó a Rosario adquiriendo el sanatorio Italiano y ahora sus largos tentáculos llegaron a nuestra ciudad. Esos mismos tentáculos e influencias que le permitieron “rescatar” y birlarle las casi 4000 cápitas al San Martín.

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¿Y la gente?

No hay duda que la salud privada en Venado Tuerto y la región está en crisis desde hace muchos años. Los factores por los cuales se llegó a esta situación son múltiples y no se puede hablar de una sola causa. Pero seguramente pasar de tener cinco opciones a “una y media” (ahora parece que de la mano del grupo Tita podrían ser dos) es una de las principales consecuencias. Por supuesto, como en cualquier ámbito los procesos de monopolización culminan perjudicando a la gente (en este caso a los pacientes) que son el eslabón más débil de la cadena.

De la misma manera el manejo discrecional del sistema de las cápitas de los jubilados (fuente fundamental del financiamiento de las clínicas privadas) sigue siendo una perversidad inmensa que pone o saca del juego a los diferentes sanatorios y nuevamente perjudica al paciente que “es preso” de las decisiones al respecto.

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