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Maldonado, gendarmería, discursos punitivos y el debate que se debe la democracia argenta

Mauro Camillato

Por Mauro Camillato

Hasta ayer los gendarmes eran impolutos, incorruptibles, eficientes. Hasta ayer todos reclamaban que la fuerza federal llegará a las distintas localidades para traer el orden que las policías provinciales no podían lograr. De hecho la mayoría (por no decir todos, ya que las generalizaciones no son justas) de los representantes políticos de nuestra ciudad y también de nuestra provincia reclamaban su presencia.

Es más todos ignoraban (o hacía que ignoraban) que esos gendarmes salvadores son los mismos que tienen como fin principal cuidar las fronteras del país, esas misma que son un verdadero colador. La pregunta caía de maduro,  ¿cómo aquellos que son ineficientes en las fronteras no lo son en los centros urbanos?  De todos modos ese tipo de interrogantes nadie se los hacía, como tampoco a nadie le importaba los atropellos que cometían en los distintos lugares por los que pasaban. “Es que esas son quejas de garantista”, alegaban sus firmes defensores. Los gendarmes eran los salvadores y como tales parecía que todo se les permitía.

Lo relatado sucedía con el gobierno nacional anterior pero continuó con el  actual.  De tal forma que la cada vez más cuestionada ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se identifica tanto con la fuerza que hasta se ¡vistió!  de gendarme en uno de los tantos operativos realizados en su gestión.

Aunque vale la pena aclarar que todavía no está comprobado que hayan sido los gendarmes los causantes de la desaparición del artesano. También es cierto que casi todas los indicios apuntan esa teoría y en todo caso no hay dudas que algo ocultan (por ejemplo dicha fuerza siempre filma los procedimientos y en este caso casi no existen videos).

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Mientras tanto la desaparición de Santiago Maldonado nos volvió a interpelar como sociedad, sobre todo porque sacó lo peor de nosotros (la maldita polarización a full). Así de un lado se pusieron los defensores a ultranza del gobierno de turno para los que al final cabo Maldonado era un hippie barbudo que era cómplice de unos indios “guerrilleros” que no aceptan el paso del tiempo y pretenden recuperar tierras que ya no les pertenecen. Encima se amparan detrás de la acusación hacía sus contras, diciendo que estos pretenden realizarle un especie de golpe al gobierno (un delirio que de todas formas, no significa que exista algún trasnochado que lo piense). Lo más triste, los memes que circulan en las redes sociales y en los grupos de whatsapp banalizando hasta el hartazgo un tema que lamentablemente para los argentinos tiene antecedentes que marcaron a fuego nuestra historia.

En tanto del otro lado, principalmente los fanáticos K redoblan su apuesta y la síntesis perfecta de la postura es el cántico que entonan en cuanto lugar puedan “Macri, basura, vos sos la dictadura”. Otro delirio que olvida un detalle por demás de visible y no menor, mal que les pese Macri fue elegido en las urnas. Para colmo siguen sin hacer una mínima autocrítica sobre la evidencia de haber tenido como jefe del ejército a un general  hoy detenido por crímenes de lesa humanidad. Dato que da por tierra con cualquier bandera de derechos humanos que hayan enarbolado durante los últimos años.  Y mientras hoy parecen ser los reivindicadores de los “pueblos originarios” se olvidan de hablar del maltrato que le propinaron en el gobierno anterior  a los Qom.

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De todas maneras y lamentablemente ambos “bandos” parecían hasta sentirse cómodos en una nueva construcción de un relato polarizador en torno a un caso que merecía otro trato. De hecho el macrismo casi después de un mes se dio cuenta que tenía que empezar a cambiar su discurso porque hasta los periodistas sumisos empezaron a “darse vuelta”.

En tanto, no hay duda que, más allá de como culmine la historia, este caso también nos remite a una inmensa deuda que la democracia argenta sigue sin poder afrontar. Esto es una verdadera reforma (no los tibios intentos que se realizaron y se realizan en los últimos años) de todas las fuerzas de seguridad.

Una reforma por demás necesaria en el medio de un discurso cada vez más punitivista que sentado en la aparente demanda de la población invade a todos (intendencias, gobiernos provinciales y nacionales).

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