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La confirmación de la rosca en el Concejo: “Ceci n’est pas une pipe”

Mauro Camillato

Por Mauro Camillato

Otra vez la tensión, los pelos de punta, algunos caminaban sinsentido por el recinto, otros hablaban con sus celulares y gesticulaban sin parar. Faltaba poco, muy poco, para el comienzo de la sesión anunciada previamente a las 19, los invitados ya empezaban a ingresar. Esos mismos invitados percibían el clima y preguntaban qué pasaba “parece que se cayó todo” me dijo uno. Por supuesto rápidamente quise averiguar y fui a buscar un concejal que andaba por ahí que entre dientes me confirmó la versión: “Esta complicado el tema”, me tiró cortante.

Mientras, un aparentemente tranquilo, Lisandro Enrico (uno de los protagonistas principales, pero indirectos de la saga) ya se había sentado en la primera fila de sillas ubicadas a muy pocos centímetros de las bancas, en ese momento vacías. Minutos después llegó el intendente, José Luis Freyre (otro de los protagonistas principales pero indirectos de la saga), quién decidió quedarse parado en un costado de la sala. A su lado, con su sonrisa sarcástica que lo caracteriza, el secretario de Gobierno, Jorge Lagna, (uno de los arquitectos de la jugada) intentaba calmarlo antes las versiones que circulaban. “Todo va a salir bien, no hay problema”, repetía al mandatario y a  todos los que se le acercaban para preguntar.

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Operadores políticos de todos los colores y de todos los tiempos seguían apareciendo (hasta el ex intendente, Ernesto De Mattía, llegó y se sentó a pocas  sillas de distancia de su antes archienemigo en la interna de la UCR, Lisandro Enrico).

De pronto los concejales dejaron de asomarse y de andar de aquí para allá y se encerraron en la sede de la presidencia (esta vez el centro de la escena no fue la oficina macrista). Unos pocos minutos duró “la encerrona” y de pronto aparecen en el recinto. En los hombres las corbatas (los pocos que las tenían) ya lucían mal ajustadas, las camisas con el cuello abierto, desprolijas y los maquillajes de las  mujeres del grupo ya no permanecían impolutos. Algunos rostros parecían casi desencajados, mientras otros aliviados. Era fácil adivinar lo que había sucedido, a pesar de “las vueltas” el nuevo capítulo de la rosca del miércoles pasado estaba garantizado. Minutos después, Fabián Vernetti, sería ungido como el nuevo presidente del cuerpo. Y para no  disimular nada, la vicepresidencia primera quedará en manos de la freyrista, Débora Domínguez y la vicepresidencia segunda, para la macrista, Viviana Downes. Nada para el joven trío enriquista.

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Las vueltas

Después trascendieron los porqué de las vueltas, es que se  inmiscuyeron en la rosca  otros actores “externos” que quisieron impedir su realización. Así una llamada inoportuna del jefe del macrismo santafesino, Federico Angelini, a sus concejales los hizo tambalear en su decisión. Es que Angelini les pidió que abortarán todo,  ya que lo espantó la idea  de un acuerdo con kirchneristas venadenses y con socialistas y menos aún quería enojar a los radicales enriquistas, pensándolos como posibles futuros aliados naturales.  Ahí tuvo que aparecer el inefable Carlos Diáz Vélez que en su día de retiro hizo el último daño a sus ex correligionaros, convenciendo a Downes y a Paris para que sigan respetando el pacto. En el medio hasta se barajó la posibilidad de tener que recurrir a la vergonzosa opción de tirar la moneda, ya que sin el apoyo macrista las opciones de Vernetti y de Chiarella para la presidencia tenían cuatro votos cada una.

También Enrico intentó lo suyo y le pidió al diputado, Oscar Pieroni, que intercediera ante Vernetti, pero éste último ya se había puesto el traje (sin corbata) de presidente y de ninguna manera quiso bajarse.

Gentileza: Nico Vilches

Gentileza: Nico Vilches

La tirria hacía el enriquismo

Tal cual sostuvimos en la nota anterior (la primera de la saga) el principal motivo de semejante rosca que tuvo su capítulo inicial el miércoles 29 de noviembre con la destitución del secretario del Concejo y el posterior nombramiento de la freyrista Norma Orlanda para el cargo, la incorporación del macrista Lucas Huergo a la planta del legislativo; y que continuó el último miércoles con la entronización del socialista  Vernetti como presidente del cuerpo; tuvo como denominador común: la tirria hacía el enriquismo.  Es que el enriquismo se impuso claramente en la última elección y en principio se encamina a quedarse con la intendencia dentro de dos años (aunque en ese lapso cualquier cosa puede pasar en la política local).

Por eso el oficialismo tiene como objetivo prioritario en el lapso que queda hasta la próxima elección horadar el poder de dicho grupo y en todo caso, siguiendo la vieja (no por eso menos efectiva) máxima política de Nicolás Maquiavelo: “divide y reinarás”,  fragmentar lo más posible la oposición. Pero además tampoco le querían regalar una nueva fiesta, ya demasiado lo era la asunción de tres concejales del grupo, por eso era necesario impedir que se queden con la presidencia y hasta dejarlos afuera de los demás cargos. Encima Freyre logró  que su ultrafiel ladera, Norma Orlanda, sea a partir de ahora quien maneja administrativamente el Concejo. Como un conspicuo dirigente oficial lo repitió una y otra vez durante la tarde/ noche, “para nosotros, todo ganancia”.

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Ceci n’est pas une pipe”

Ceci n’est pas une pipe” (esto no es una pipa) es el título que se encuentra debajo de un reconocido cuadro de René Magritte que data de 1929. En dicho cuadro justamente aparece lo que la dicha sentencia nos está negando, esto es: una pipa. Claro está que Margritte nos quería demostrar que justamente que la imagen de una pipa no es una pipa, sino es una representación de ella. El propio artista, que fue uno de los principales exponentes del surrealismo, sostenía que si hubiera escrito “esto es una pipa”  habría mentido.

Vernetti sostiene, sostuvo y sostendrá que él no fue parte de ninguna rosca, sin embargo más allá de los recursos discursivos utilizados, lo que parece una pipa, es evidente que es una pipa. Y no hay dudas que el miércoles último se vivió un nuevo capítulo de la rosca comenzada en la anterior sesión del Concejo.

Es cierto, en todo caso que su participación fue parcial (votó en contra del nombramiento de Huergo) pero lo suficiente  para plasmar el principal objetivo planteado, esto es: dejar afuera de todo al enriquismo (hasta de las dos vicepresidencias del cuerpo). El mismo enriquismo con el que el socialismo es aliado en el Frente Progresista, alianza que viene desde hace tiempo aferrada con alfileres y que luego de este hecho quedó más herida que nunca. Claro, que desde el radicalismo, más allá de este episodio,  también hacen lo suyo, sobre todo por la forma personalista de transitar la política, exacerbada en la prepotencia que les otorga la cosecha de votos logradas en la última elección.

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Lo paradójico del caso (o quizás no tanto) es que el edil socialista, quien hasta no hace poco era visto casi como “un cuco” para el oficialismo se convirtió en “el legislador funcional a los intereses de la intendencia (¿Seguirá el camino de  Roberto Meier y Díaz Vélez?).

De hecho, mucho tuvo que ver Vernetti con la remontada histórica de Freyre en la elección a intendente del 2015 luego de perder la Primaria con Rostom. Fue él quien salió a denunciar en medios santafesinos la jubilación de Carlos Aldasoro (en ese momento primer candidato a concejal  de alianza macrista/Nuevo Horizonte) que provocó  la conocida reacción de Liliana Rostom y su posterior debacle electoral.

Ver nota anterior: Rosca y algo más: destitución y nombramientos en el Concejo

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