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El cielo con las manos: el Macho lo ganó a lo macho

Mauro Camillato, Sociales

Por Mauro Camillato

La noche lucia resplandeciente, el estadio de Olimpia colmado como en los tiempos de gloria del básquet en Venado. Si hasta el clima parecía querer ayudar y después de varios días de temperaturas altas que hacían a la vida casi “invivible” esta vez colaboraba bajando varios grados.

Era raro ver tantos venadenses juntos presenciando una velada de box, pero ahí estaban con la adrenalina a full esperando que Elías “Macho Araujo (un mendocino/rufinense/ venadense) subiera al ring y lograra alcanzar “el cielo con las manos”.

Vale recordar esta extraña casualidad de los máximos ídolos deportivos locales (después de anoche el Macho ya es ídolo) ya son un par los que “mostramos” como propios y en realidad son nacidos en Rufino. Marcos Ciani y Guillermo Coria son los claros ejemplos. (Aunque el Macho haya nacido en realidad en Mendoza, la mayoría de su vida la pasó en la vecina localidad).

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Pero no importa, el Macho ya es nuestro, se ganó ese lugar por caminar por nuestras calles como uno más, por nombrar a nuestra ciudad cada vez que puede y por elegirnos para disputar esta pelea, la más importante de su vida.  Además nosotros lo adoptamos por su particular forma de ser, por su carisma, por su simpatía, su pinta de “buen tipo” que transpira cada vez que habla.

El Macho no es un típico boxeador, no es de aquellos que parece que sufrieron la marginalidad de chico y se hicieron a las “piñas” un lugar en la historia, todo lo contrario. Su sonrisa eterna dibujada en su rostro demuestra  (sin ser un conocedor de su biografía) que es de esos que no sufrió demasiado esos avatares de la vida. Aunque si sabe de sacrificios, sobre todo desde que se decidió (de grande ya) dedicarse al boxeo. De hecho la diferencias dentro del ring las hace por su impecable estado físico, ese que le permite a pesar de no ser un púgil virtuoso “demoler” a sus rivales de tanto ir e ir. Ayer mismo en los últimos rounds su rival boqueaba una y otra vez buscando aire, mientras él lucia impertérrito y parecía que todavía tenía rosca para rato.

La pelea

Cuando suena la campana, te sacan el banquito y uno se queda solo“, dijo alguna vez el gran Ringo Bonavena. Solo se quedó el Macho, a pesar de las casi 5000 almas que gritaban ayer apenas subió al ring, y solo recibió ese par de trompadas de Javier “El Heredero” Clavero, que lo mandaron a la lona. De pronto el estadio enmudeció, fueron segundos eternos en donde todos veíamos derrumbar “el sueño” de un gladiador y de todos nosotros que queríamos ver al Macho campeón argentino.

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Pero “el Macho” es macho (“Mejor perder a lo macho que ganar a lo cobarde“, dijo también Bonavena)  y se levantó rápido y empezó a tirar manos casi como una ametralladora para demostrar a su rival y a todos los que lo estábamos mirando que era un hueso duro de roer. No lo voy a negar todos sufrimos y casi rezábamos para que suene la campana rápido, hasta su entrenador apenas se fue al descanso le preguntó si estaba bien, “me agarró mal parado”, soltó el Macho. Y así fue porque en el segundo round Elías parecía no tener huellas de esa caída y siguió tirando y tirando manos (algunas no tan ortodoxas) hasta el hartazgo.

La historia se repitió en todos los otros rounds, el Macho tiró y tiró y también recibió alguna (su rival no era ningún paquete) pero culminó siendo un justo ganador. El fallo fue unánime, las tarjetas marcaron  96-93, 97-93.5 y 97-95.5. Lo ganó por atropello, por soberbia, por prepotencia, por llevarse a su rival por encima.

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El boxeo

No soy de los que miran con asiduidad boxeo, siempre me hizo ruido ser espectador y por ende disfrutar viendo como dos tipos se pegan trompadas arriba de un ring. Hasta alguna vez pensé que eso de deporte no tiene nada, aunque  al fin al cabo en todos los deportes se pone de una y otra manera el físico en juego. El mejor periodista deportivo argentino de la historia, Dante Panzeri, sostenía que había que prohibirlo y argumentaba esto diciendo que: “Ningún deporte idiotiza, aunque mate: el boxeo sí”.

En contraste con esta opinión, grandes de la literatura como: Ernest Hemingway, Norman Mailer, Arthur Conan Doyle, William Faulkner; o nuestros: Julio Cortázar y Roberto Arlt  (para nombrar algunos) fueron admiradores de esta disciplina y hasta le dedicaron sendas obras que trascendieron los tiempos.

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Cortázar llegó a decir que para él, uno de los momentos más trascendentales del Siglo XX, fue cuando Luis Ángel Firpo enfrentó a Jack Dempsey. De hecho escribió  una exquisita crónica al respecto bajó el titulo “El Toro de las Pampas”.

Mi historia con el boxeo es de igual manera contradictoria, de niño disfrutaba en la TV con las peleas de Carlos Monzón, Víctor Galíndez, Nicolino Locche, etc. Hasta tengo una anécdota con éste último a quien admiraba por su particular manera de boxear (esquivaba más de lo que pegaba). Nicolino era un asiduo visitante de nuestra ciudad, y llegó a tener una inmobiliaria con su amigo de acá, el conocido “Chito” Sava que (si la memoria no me falla) se llamó Sanico. Alguna vez enterado que Nicolino estaba disfrutando un asado en la casa de su amigo, mi viejo me llevó a verlo. No me llevé la mejor imagen.

Lo cierto es que luego, quizás por la ausencia de púgiles argentinos de aquella talla deje de ver boxeo, o quizás por el preconcepto que marqué líneas arriba. Solo por ahí “espié” haciendo zaping alguna que otra pelea.

Ayer me resistí ir al estadio de Olimpia pero al final culminé viendo la contienda pegado a la tele con un grupo de amigos. El Macho logró que interrumpiéramos el asado compartido y nos quedáramos todos atónitos atentos a las vicisitudes dentro del ring. El Macho logró que volviera a disfrutar del  boxeo como alguna vez lo hice cuando era niño.

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Fotos gentileza: Gabriel Carlini

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