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Análisis: Venado Tuerto, una ciudad sin diarios impresos*

Mauro Camillato

Por Mauro Camillato

La crisis del ya tradicional diario El Informe que implicó el recorte en sus ediciones (pasó de cinco ediciones semanales a tres) y la salida de cinco trabajadores de prensa, actualiza un debate que se da a nivel internacional y que tiene como presunción el comienzo del fin de los medios tradicionales y la mutación del periodismo. Más allá de las responsabilidades empresarias propias, que a pesar que no somos quién para marcarlas, siempre en este tipo de casos existen.

Dicho episodio, como alertó la Asociación Regional de Trabajadores de Prensa (ARTRAP), debería preocupar (tanto por la pérdida de fuentes laborales y como por el impacto que significa en el mapa mediático de nuestra región) a nuestros representantes, que por ahora sólo eligieron expresarse por las redes sociales o en algún contacto personal con parte de los afectados, pero nada o poco dijeron públicamente.

Ante todo vale aclarar que los medios de comunicación no son una isla en un país que atraviesa una enésima crisis y que, como ocurre en la mayoría de las oportunidades, los primeros perjudicados son los propios trabajadores. La primera variable de ajuste de siempre de un empresariado insensible que ante la mínima crisis elige desprenderse de personal para conservar sus privilegios.

Pero más allá de esto, los medios representan (o deberían representar en muchos casos) un contrapoder necesario en una democracia en la cual el sufragio universal ya no basta para legitimar el poder. Más aún con la Justicia y el Legislativo, lejos de funcionar de la manera que la teoría democrática lo sostiene

En este sentido no hay duda que la información producida por periodistas, y por ende reflejada en los medios de comunicación, es ante todo un bien público que el Estado debe garantizar. Y es indispensable remarcar que decimos: “La información producida por periodista” para diferenciarla de los meros posteos en las redes sociales o de la reproducción de información realizada por oficinas de prensa. De la misma manera decimos: “El Estado” para diferenciarlo del gobierno de turno.

Sin periodistas no hay democracia

Es el trabajo de un periodista el que transforma un hecho en información (noticia). En tiempos de la cultura digital, de la información en tiempo real, de las redes sociales, se lee equivocadamente que hay tanto periodistas como internautas. Y nos olvidamos que como alguna vez remarcó Gabriel García Márquez el ser periodista es un oficio. Un oficio que requiere habilidades y conocimientos específicos para: investigar, chequear, situar en el contexto, dar forma, jerarquizar, comentar y publicar una información de calidad.

Hoy, más que nunca a medida que el mundo se vuelve más complejo, en épocas de las Fake News, cuando la información se horizontalizó (aunque ello no signifique una mayor calidad sino todo lo contrario)  y parece que la encontramos a “la vuelta de la esquina” o en todo caso en cualquier pantalla que tenemos a mano, nunca es más necesario la función del verdadero periodista.

Sin medios no hay periodismo

Sin periodistas no hay democracia posible, de la misma manera sin medios de comunicación no hay periodismo. Más allá que el ecosistema de medios cambió considerablemente debido a la existencia de los dispositivos de conectividad móvil (estos que provocan que estemos conectados en todo momento y que por ende modifica la manera que nos informamos, los contenidos que consumimos y hasta la vida social que hacemos) los tradicionales medios de comunicación como lo es El Informe siguen siendo imprescindibles. Sobre todo porque son los diarios de papel los que tienen la función en la actualidad de “darle otra vuelta de tuerca” a las noticias y siguen siendo las referencias más importantes en el debate público. De hecho si uno repasa lo que  lo que sucede a nivel nacional, son los diarios (principalmente Clarín y La Nación) quienes siguen marcando la agenda. Es más, si se suma la audiencia que tienen en sus ediciones impresas a sus plataformas online (incluye diarios digitales y redes) nunca tuvieron tanta como hoy.

Por eso es más que alarmante la situación del tradicional periódico local, la reducción de sus salidas y en personal lo posicionan en un lugar endeble que deja abierta las dudas sobre su futuro.

El Informe logró posicionarse como “el diario” de Venado Tuerto y la región,  y que una ciudad corra el riesgo de perder su diario impreso (por ahora ya perdió dos ediciones por semana) habla mucho de ella y en todo caso también de sus dirigentes.

*Aclaración: decimos “sin diarios” a pesar que Venado nunca alcanzó a tener un diario en el sentido estricto de la palabra ya que El Informe tenía cinco ediciones y no siete. De todos modos al salir durante todos los días hábiles de la semana, se acercaba a dicha definición. Hoy con tres salidas, ya no tiene sentido llamarlo así.

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