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Martín Kohan en Venado: literatura, violencia y nosotros

Cultura

Por TL

Escritor, ensayista, lee la literatura argentina a partir de la centralidad que en ella tiene la violencia, y a partir de ahí lee nuestra propia identidad. Es el primer gran invitado por la Cátedra Bailable que encabezan Rafael Sevilla y Lucas Paulinovich.

Civilización y Barbarie
El micro se va a las 12, y puedo hablar hasta esa hora”, le dice a un Galpón del Arte más que repleto este Profesor de Enseñanza Secundaria Normal por la Universidad de Buenos Aires, y licenciado y doctor en Letras por la misma universidad que hizo su tesis sobre San Martín, (quedó plasmada en su Narrar a San Martín de 2005), deteniéndose pensar, también para comprender la violencia que nos atraviesa, por qué se estableció que nuestro padre fundador fuera un General, un hombre de armas sin el perfil de jurista o político que tenían otros próceres, y que haga de aquellos que principalmente no lo eran, primero hombres de armas y después el resto, como Manuel Belgrano, que es General antes que Doctor, aunque en vida fuera al revés (como nota de color sobre el tema, nos recuerda Kohan que el viejo billete de diez pesos tiene a Belgrano de civil, sin embargo en el nuevo parece reinstaurarse el orden, y se lo ve de uniforme).

Pero la cuestión específicamente histórica vendrá casi hacia el final. Kohan no cederá, se mantendrá enfático durante las casi tres horas que dura la charla, siempre  usando el humor cuando sea necesario y, desde el vamos invitando al público a participar: el público lo hará, pero interrumpirá poco, porque se mantiene capturado por una clase que no se propuso para nada como magistral, pero lo es, a pesar, o junto a, todas las anécdotas que la salpican.

Citando a David Viñas, comienza: “La historia de la literatura argentina empieza con una violación, así de contundente es la referencia a El Matadero de Echeverría, después vendrá Sarmiento, más adelante José Mármol y, claro, más tarde Borges y sus compadritos. Antes, con menos peso, Cortázar y sus boxeadores.

En la dicotomía “Civilización y Barbarie”, afirma Martín Kohan, “hay violencia en ambos polos, la cuestión no es quién no es violento y quién no”, explica, aunque los que estaban del lado de la civilización sostenían que los violentos eran aquellos a los que se  enfrentaban, la realidad es que la historia argentina,–que de acuerdo a lo que se lee en los dichos del invitado, se sintetizaría (o más bien cataliza) en una literatura que le da cuerpo antes que reflejarla– es una historia de dos violencias, disputándose cuál era legítima. Kohan nos está hablando desde la literatura de una identidad que es una aunque partida en dos, desde Unitarios y Federales pasando por el Peronistas y Anti-peronistas.

No lo dice, por buen gusto suponemos, porque no se lo puede poner ni de un lado ni de otro, pero este escritor que no le escapa a la lectura política de actualidad, deja picando la última repetición de la dicotomía. Y de esto que se dice a continuación nos hacemos cargo nosotros: queda picando la repetición como farsa (¿farsa de la farsa? ¿farsa sin tragedia original, a pesar de tanta sangre?) la zanja que a dos años de gobierno macrista todavía hoy nos pone a un lado y otro de la mesa a la hora de la comilona del viernes a la noche o del domingo al medio día.

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Legalidad y legitimidad

Violencia y legitimidad, violencia y legalidad, violencia que es legal, pero no legítima (como la que hace estallar al Sargento Cruz de ira para ponerse de lado de Martín Fierro), Violencia legítima pero que no es legal, la legitimidad será de los sectores populares en la tradición que parece caer del lado del calificativo “barbarie” sarmientino, o sufrida por el “individuo libre” frente a la “masa” y su líder si quienes escriben son los que están del lado de la “civilización”.

Kohan dice algo que a nosotros, después de oírlo de Kohan, se nos hace obvio, que es que Jorge Luis Borges, ese autor definido como europeísta, liberal anti-peronista, anti-rosista, hombre cercano a la élite de la élite, fue en realidad “la figura de la literatura argentina que mejor entendió lo nacional y popular”.

Y ahí nos recuerda la fascinación de Borges por “el culto al coraje” que tanto define a la cultura popular que parece tener al duelo como una de sus principales formas de reconocimiento. Violencia legítima la de la lucha de iguales, es recurrente en Borges, se hace presente en cuentos célebres como “El hombre de la esquina rosada”, “El fin”, “El Sur”, y tantos más. También aparece la valentía en “Emma Sunz”, aunque aquí el coraje no sea el del Macho, ni el del duelo de iguales, aparece fuerte planteando otra legitimidad de la violencia popular, la de la lucha, corajuda, intrínsecamente desigual, contra el Poder, justo ahí, en Emma Sunz, en una mujer que no tiene nada que ver con ese Macho, que de hecho se venga haciéndolo morir en su juego.

Y es que en el Duelo del Machos, las metáforas sexuales masculinas estarán siempre presentes. “Es el macho que no se cree puto si es el activo, que se cree macho por ser el activo de una relación homosexual cuando ‘le rompe el c..’ en los cantitos de tribuna”, planteaba Kohan sin ruborizarse, justamente para trazar a partir de ese acto sexual, de su cantito tan procaz como repetido, relaciones dentro de una identidad que no diferencia entre cultura de elites y cultura popular: todos nos creemos o queremos ser los machos que rompen el c. del adversario.

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Nosotros

Borges, siempre Borges, este hombre que en cuentos como “La fiesta del Monstruo” definitivamente se pone del lado del unitario de chaqueta inglesa, del alma bella contra la masa obscena y estúpida, no deja de entender mejor que ningún otro escritor la necesidad de ese culto al coraje que se cristaliza en arrabal, en los bajos fondos, que es siempre horizontal, uno a uno, que “nunca en patota contra uno”, que para Kohan es la máxima expresión de la violencia ilegítima (aunque termine siendo tan seguido la expresión de una violencia legal a la que no le ha costado demasiado negar los principios de su legitimidad –en este punto Kohan cita al Walsh de Operación Masacre).

Borges, dice Kohan, entendió esa violencia identitaria que hace “nosotros” entre los rivales cuando aparece el arriba de “la ley”, como queda claro en El hombre de la Esquina…. Ronda la pregunta entonces de qué nos une, además del choque en la violencia, queda la pregunta de si hay un nosotros argentinos como uno sin división. Y aunque Kohan no se meta con el Mundial, – “eso que interrumpe en el fútbol cada cuatro años”–, ni se meta con el tema Malvinas, quizá un clisé que no debería evitarse, su referencias a la cultura guerrera, que es la cultura futbolera, parece dejar la respuesta a penas en suspenso.

catedra

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