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Choques entre la Armada y la Fuerza Aérea por la compra de los Super- Étendard renovados

Sociedad y Política

Se trata de una versión actualizada del célebre avión que utilizó la Armada durante el conflicto de Malvinas para lanzar los temerarios misiles Exocet, lanzamientos que le costaron a la marina británica la pérdida del  destructor HMS Sheffield (D80) y el barco de abastesimiento SS Atlantic Conveyor.

Compra reciente
Con varias décadas en servicio en la Armada Argentina, el Estado compró recientemente cinco aviones Super Étendard modernizados a Francia –proveedor original de los 12 aviones que supo tener la armada (se entregaron solo cinco antes del conflicto del 82) –. La nueva compra desencadenó sin embargo una agria disputa entre la Fuerza Aérea y la Armada, porque ambas fuerzas buscan quedarse con las aeronaves de combate. Debe tenerse en cuenta Super Étendard de la Armada comprados originalmente a Francia están desactivados, a la espera de renovaciones, mientras que la FAA tiene serios problemas para mantener operativos a sus A-4 Skyhawk, nave polivalente de funciones similares al avión francés.

El Gobierno pagará 2,5 millones de euros por los aviones de ataque pesado y caza, a los que sumará US$ 2 millones por los gastos de traslado. Las naves se utilizarán para fortalecer la seguridad en la Cumbre del G-20, que se hará a fines del año próximo en la Argentina.

La insólita disputa no es otra cosa que una pelea por recursos escasos, ya que ambas ramas de las fuerzas armadas atraviesan desde hace décadas una crisis en su equipamiento militar.

En esta reyerta, los jefes de la Armada, almirante Marcelo Eduardo Hipólito Srur, y de la Fuerza Aérea, brigadier general Enrique Víctor Amrein, intentan sumar argumentos para quedarse con los aviones. El ministro de Defensa, Oscar Aguad, deberá arbitrar en el conflicto.

Según el diario La Nación, el conflicto se articula en base a dos interpretaciones doctrinarias enfrentados. Una indica que los medios aéreos se utilizan en la Fuerza Aérea con una función estratégica y sólo se justifican para la Armada como un medio complementario y de apoyo logístico a otras misiones (originalmente los Super- Étendard adquiridos por Argentina poco antes de la guerra de Malvinas debían utilizarse .

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La otra doctrina defiende el concepto de poder naval integral, que permite a la Armada nutrirse de todos los medios posibles (submarinos, aéreos y de superficie) para sus operaciones navales. Ese criterio se aplicó, indican algunos, en la Guerra de Malvinas.

Argumentos y contra-argumentos

“Lo natural es que los aviones estén en la Fuerza Aérea y que todos los medios aéreos estén concentrados en un solo lugar”, razonó con lógica un oficial aeronáutico.

La Armada, en tanto, pretende quedarse con los aviones que llegarán antes de fin de año desde Francia porque conserva, desde los tiempos de la Guerra de Malvinas, nueve unidades Super Étendard. Si bien no están operativos ni en condiciones de volar, se encuentran sometidos a un proceso de modernización.

“¿Para qué quiere la Armada sumar aviones si carece de portaaviones?”, replican en la Fuerza Aérea, en una disputa que hasta ahora no pasó de lo retórico.

Cerca del ministro Aguad estiman que lo más probable es que los aviones sean destinados finalmente a una base aeronáutica, por razones de ejecución práctica. “Con el operativo de prevención de la seguridad del espacio aéreo durante el G-20, es mejor tener las unidades aéreas en una base cercana, como El Palomar, que en la Base Naval de Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca.

El manejo del Super Étendard no reviste grandes diferencias respecto de lo que requerían los Mirage, cuyas unidades fueron desprogramadas en la Argentina en 2015. Ambos, incluso, fueron diseñados por la compañía francesa Dassault, explicaron fuentes castrenses.

Como informó el citado medio, las unidades adquiridas ahora a Francia fueron construidas entre 1978 y 1982. Las negociaciones entre ambos países comprendían la entrega de motores, repuestos y un simulador de vuelo, entre otras piezas adicionales. Por eso se especulaba con que podrían sumarse a las aeronaves que ya tiene la Armada.

En fuentes aeronáuticas, en tanto, entienden que si la balanza se inclina finalmente por el destino naval, la Armada tendría una capacidad de aviones de combate del que la propia Fuerza Aérea carece.

“Nosotros tenemos los cazabombarderos A4 AR, que pueden cumplir funciones operativas similares a los Super Étendard. Pero es muy probable que a fines de febrero queden fuera de servicio y desafectados, porque no hay una cadena de suministros y de repuestos”, explicó una fuente aeronáutica.

Como muestra del deterioro del poderío aéreo, en los años 90 se incorporaron a la fuerza unas 35 aeronaves A4 AR, pero ahora, con mucho esfuerzo y las restricciones presupuestarias, en días excepcionales se llega a tener tres aviones en plataforma.

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