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Se frustra definitivamente la venta de C5N al grupo Terranova

Política

De K a anti-k y oficialista, eso iba a suceder con el Grupo Indalo del zar del juego Cristóbal López y de Fabián De Souza, socios que terminaron de amasar sus fortunas al calor del Estado K (juego, petróleo y evasión impositiva mediante) y que ahora, con una deuda de 10 mil millones de pesos al fisco nacional, esperaba encontrar “tolerancia” de parte de la justicia macrista al vender su grupo de medios ex oficialistas al grupo macrista mendocino al que pertenenece el piloto Orly Terranova.

El proceso comenzó con la eyección del periodista militante y economista Roberto Navarro de C5N, la cadena de noticias que Daniel Hadad vendió junto a la AM Radio 10 a López y De Souza, ahora procesados, para cumplir con una de las partes del trato que suponía obtener licencias de explotación petrolera y casinos de parte del gobierno kirchnerista: formar parte de la estructura de medios que apuntalaba el Relato. Ambos medios eran segundo y primero en su sector respectivamente. Pero hacia fines del kirchnerismo sus ratings se desplomaron junto a consecuencia de su devenir oficialista. Por el contrario, cuando ambos medios (que además están acompañados de FMs capitalinas como Vorterix o Mega, diarios como el ahora extinto Buenos Aires Herald o Ámbito Financiero, y la productora Ideas del Sur fundada por Marcelo Tinelli) se volvieron críticos con el nuevo gobierno sus ratings remontaron. Se habían vuelto refugio de periodistas despedidos por el desplome del resto de los medios que habían sido oficialista, pero, sobre todo, se habían vuelto varios de sus programas refugio de audiencias kirchneristas en busca de representación masiva. Pero así como el refugio duró poco, porque la mayoría de los medios continuaron en crisis financiera a pesar de la notable mejora de sus mediciones, también se anunciaba el fin de la era opositora. La buena cosecha del Gobierno nacional en las PASO había cambiado todo para López.

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Con el cambio político, el zar del juego y su socio habían decidido desprenderse de la compañía y la ofrecieron al empresario mendocino Orlando “Orly” Terranova. Tras sondeos previos con encumbrados funcionarios, ambas partes acordaron el traspaso completo del Grupo Indalo, pero finalmente el empresario mendocino, de buenas y aceitadas relaciones con el macrismo consideró inviable la operación

Historia de una venta frustrada
Es el periodista Hugo Alconada Mon (La Nación), quien logró reconstruir la frustrada transacción. Las negociaciones comenzaron con un llamado, el lunes 31 de agosto. Desde España, Cristóbal López le preguntó a Orlando Terranova si estaba en Mendoza, le dijo que quería verlo y que era urgente. ¿Por qué? Porque tiró la toalla. Y no quiere terminar en la cárcel, aunque con cada día que pasa se reducen sus opciones para evitar el colapso de todo el Grupo Indalo.

El panorama es desalentador para López. Sabe que su imperio puede implosionar en cuestión de semanas y desconfía, incluso, de su socio y lugarteniente, Fabián de Sousa. ¿Acaso es él quien filtra datos para boicotear las negociaciones? ¿O Marcelo Tinelli? ¿O algún ladero del jefe de Gabinete, Marcos Peña?

Sólo días después del primer llamado, López y Terranova se reunieron en Buenos Aires. Despuntaba septiembre y el otrora “zar del juego” le comunicó a “Orly”, al que conoce a través de sus hijos y el mundo del rally, que quería deshacerse del Grupo Indalo. Ya vendida su parte en los casinos, le dijo que ahora quería desprenderse del resto. No sólo de los medios. De todo.

“Yo ya perdí. Este gobierno tendrá seis años de continuidad y yo no quiero terminar en la cárcel”, le informó López a Terranova, palabras más, palabras menos, según reconstruyó Alconada Mon las últimas dos semanas sobre la base de fuentes empresarias y oficiales. Dijo, textual, “cárcel”, como antítesis de su sueño: “Quiero disfrutar 20 años más con mis hijos”.

El marido de la modelo Ingrid Grudke estaba, cuentan, “destrozado”, sólo 18 días después de las elecciones primarias, las PASO.

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A partir de ese momento, Terranova convocó a un ex ejecutivo de Arcor y de Cencosud, Gerardo Molinaro, y al abogado Gustavo Casir para encarar el desafío, mientras que sondeó a la cúspide de la Casa Rosada para tantear las aguas.

Así, tras dialogar con tres altos funcionarios llegó a una conclusión: la operación es, hoy, inviable. Lo es porque, siempre según la versión de Alconada Mon, el Gobierno quiere recobrar los miles de millones de pesos en impuestos que adeuda López; porque el Gobierno no se moverá para facilitar la operación -ni mucho menos le dará más pauta oficial a los medios del Grupo Indalo- y porque el Gobierno tiene una “visión errónea” de López, al que lo ve mucho más poderoso de lo que realmente es.

El panorama es aún más desalentador. Según el due dilligence –la investigación que se hace sobre toda empresa antes de su venta– en marcha, el Grupo Indalo podría implosionar “en tres semanas“. Porque carece de líneas de crédito, falta capital de trabajo y afronta una fuga de gerentes, que sienten que la nave se hunde.

Pero Terranova planeaba armar un fideicomiso con todos los activos del Grupo Indalo, dárselo a la AFIP en garantía de repago de los impuestos adeudados, encargarse de la gestión diaria del holding, arribar a un acuerdo con los acreedores en el concurso, levantar inhibiciones y embargos, vender los activos que no impacten en el flujo de fondos –terrenos, aviones, ciertas empresas– para, de a poco, cancelar esa deuda fiscal, cobrar una comisión del 2% por cada venta y, si sobrara algo tras cancelar toda la deuda, quedarse con el remanente.

Terranova buscaba vender activos como Alcalis de la Patagonia, la constructora CPC y la productora televisiva La Corte, entre otros, además podía llegar a vender los propios medios de comunicación, de los que pensaba desprenderse si aparecía algún candidato con una oferta interesante. Y, por lo pronto, el ex dueño de C5N y Radio 10, Daniel Hadad, ya se reunió con Terranova, para “informarse”. Ahora todo está en suspenso.

La factibilidad

En números gruesos, López adeuda US$ 500 millones, el grupo valdría unos US$ 600 millones y, con la nave enderezada, acaso podría trepar hasta los US$ 700 millones, para lo cual el equipo de “Orly” contactó a varios bancos en búsqueda de nuevas líneas de crédito. Pero les quedó claro que si la nave no se endereza rápido, puede irse a pique. Y valer cero.

¿Cuánto dinero pretendía López a cambio de desprenderse de todo el Grupo Indalo? Cero. Al contrario, ofreció como “aporte irrevocable” un contrato por US$ 38 millones (más de $ 650 millones al tipo de cambio actual) correspondientes a la venta de sus acciones en Casino Club para colaborar con el capital de trabajo requerido para relanzar al grupo y evitar su colapso. ¿Por qué? Porque quiere irse y desconfía de De Sousa, quien debería colaborar con la transición -si se concretara la operación- pero luego quedaría “afuera y sin paracaídas”, según lo definen dentro y fuera del Grupo Indalo.

Para De Sousa, las últimas semanas resultaron todo un cambio de paradigma. Se forjó de abajo y durante años se ganó la confianza de López, hasta asumir la gestión diaria de todo el grupo, del que tenía el 30% de las acciones. Pero él quería mucho más y soñó con alcanzar el control accionario, más temprano que tarde. Pero eso ya quedó atrás. Es pasado.

“La revisión profunda del Grupo muestra gastos insólitos. Desde pagarle una fortuna por mes a Tinelli o desembolsar otros 350.000 dólares a un abogado, también por mes. O tener dos aviones. ¿Para qué? ¿Cómo se entiende? “, desafió una fuente, al tanto de los números finos del grupo. “Porque mientras tienen esos gastos ya adeudan otros $ 300 millones por nuevos impuestos, más cargas sociales impagas. Un desastre”.

¿Qué pasó? ¿Cómo fue posible? Porque apostaron a otro futuro. “López le dijo a «Orly» que confiaba en que iba a ganar Scioli [Daniel], que con él iban a conseguir un plan especial [de la AFIP] de 120 cuotas para devolver la que debían y, además, ganar «un negocio nuevo por minuto», literal”, añadió el informante.

Con los resultados puestos de las PASO del 13 de agosto último, cuentan junto a López, el empresario chubutense consideró que su mejor opción era buscar a algún empresario con quien él mantuviera una buena relación y mostrara cierta afinidad con el gobierno nacional. Terranova cumplía esas condiciones: “Orly” fue candidato de Pro en Mendoza, hace unos años, y conoce al presidente Mauricio Macri desde hace años.

Entregar el timón

Puestos a negociar, Terranova y López lo asentaron por escrito. Firmaron un instrumento privado ante escribano público. Fue el jueves 21 de septiembre, cuando el ex “zar del juego” y De Sousa otorgaron un mandato de administración de derechos de todas las empresas que integran el Grupo Indalo. Es decir, aceptaron entregar el timón, averiado desde que Alconada Mon reveló en La Nación, en marzo de 2016, que la expansión del Grupo Indalo se financió con $ 8000 millones de deuda tributaria.

Pero aún con ese mandato de administración ya en sus manos, Terranova no asumió el mando. Estuvo muy cerca. Tan cerca que llegó a redactar un comunicado de prensa para anunciarlo. Pero se detuvo. ¿Por qué? Porque con los primeros datos provenientes del due dilligence mostraban que el panorama trazado por De Sousa era por demás voluntarista. Por eso evitó tomar las riendas sin antes abordar a la AFIP, que de la mano del abogado penalista Ricardo Gil Lavedra redoblaba la presión sobre López, De Sousa y todo el grupo.

En Indalo admitieron a La Nación que “la negociación se empiojó” y que “las cosas no están nada bien con la Casa Rosada”, aunque las aguas se dividen entre quienes creen que a Terranova “tampoco le dan bola en el Gobierno”, los que creen que los funcionarios “quieren despegarse de la operación” para evitar que se crea que el Gobierno alienta la compra de medios “afines” e, incluso, aquellos que sospechan que la administración Macri aprieta el torniquete “para que Cristóbal López se ablande aún más” a la hora de negociar.

El último paso ocurrió, por lo pronto, el último jueves. Molinaro, Casir y el ejecutivo de un banco de inversión acudieron a la Casa Rosada. Sondearon si al Gobierno le interesa más obtener la foto de López en prisión que recobrar la deuda fiscal que, con intereses, ronda hoy los $ 10.000 millones -quiebra que haría millonarios a abogados y síndicos, entre otros- o si, por el contrario, entreabre la puerta a la sobrevida del Grupo Indalo, con López y De Sousa fuera del holding. La respuesta que cosecharon resultó por demás desalentadora.

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