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Análisis: Macri ante el ajuste y el reparto de “cargas” con el peronismo

Política

Confirmado el ajuste brutal: en medio de la escalada récord del dólar y una abrupta caída de todos los indicadores económicos positivos el presidente se sigue comprometiendo a una bajada récord del déficit fiscal. En Mayo, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, había anunciado que la meta de déficit para este año sería modificada de 3,2% del PBI a 2,7%. En 2017 el déficit era de casi 4 puntos porcentuales. Para el año que viene debería descender hasta 2,2%. Macri confirmó esos indicadores a pesar de que la turbulencia no se calma. Ningún gobierno en la historia argentina fue por una disminución del déficit mayor a un punto porcentual por año.

El gobierno sin embargo está dispuesto no solo a no irse antes, sino a ganar las elecciones de 2020, si es con Macri encabezando la fórmula, mejor.

Duros en el desierto
“Hay momentos en la vida en que uno tiene desesperanza, pero la esperanza consiste justamente en eso, en tener esperanza en la desesperanza. Esa es precisamente la dureza del desierto, por lo que tenemos que pasar, lo que yo quiero que entienda la gente”, había dicho Elisa Carrió el lunes el programa más oficialista de la cadena más oficialista de la televisión. Aunque sumó declaraciones desafortunadas sobre propinas y changas, y otras sobre la interna de Cambiemos sobre el aborto que merecieron ser aclaradas por el Jefe de Gabinete Marcos Peña, lo cierto es que Carrió transmitía un mensaje núcleo en absoluta consonancia con el Gobierno, se vienen tiempos aciagos, pero hay luz adelante. Las expresiones de Carrió están además en absoluta consonancia con su mística escatológica: después de la dureza, tiene que llegar la felicidad (en 2001 la figura elegida por la ex diputada chaqueña era la del “parto con dolor”) .

Lo cierto es que ahora el gobierno está frente a la necesidad de hacer pasar el Presupuesto Nacional por el Congreso. Es en el Presupuesto donde se cristalizarán todas las medidas de ajuste que se propone concretar. Y esas medidas deben ser negociadas entonces con el peronismo.

Fragmentar y homogeneizar

En la agenda del Gobierno, el procedimiento que escogió Mauricio Macri para negociar el presupuesto plantea incógnitas. Algunas voces sostienen que el presidente apuesta a la fragmentación: durante los dos primeros años en el poder, reinando en las encuestas y con un programa gradualista, Macri había optado por acordar reformas con el peronismo. Ahora, castigado por la crisis financiera, con expectativas sociales pesimistas y ante la necesidad de ajustar las cuentas públicas, prefiere no negociar de manera colegiada. Macri tiene razones poderosas para no ir por un pacto colectivo.

El argumento inicial para no hacer depender el éxito del programa negociado con el FMI de un entendimiento con el peronismo in toto, es que ese partido, igual que el empresariado o el sindicalismo, carece de un liderazgo unificado. Macri debería agradecer ese defecto. Porque esconde un beneficio. La fragmentación peronista le dificulta la gobernabilidad. Pero le facilita la competencia electoral.

Otra razón para prescindir de un pacto es que nada asegura que el PJ, al final, va a colaborar. La división interna determina una dinámica. La fracción más intransigente, el kirchnerismo, impone su dureza a todas las demás. Así las cosas, el  presidente apuesta a obtener su  respaldo político para encarar el ajuste que le exigió el FMI a partir de un doble movimiento: hacia adentro, establecer acuerdos por separado con cada gobernador peronista y cada dirigente de peso, y hacia afuera homogeneizar a partir de la exclusión del kirchnerismo. En definitva, quien no negocie será asociado a la figura de la ex presidenta, que no puede jugar otro juego que el de la intransigencia.

Por su parte, el peronismo apura sus propias cavilaciones antes de encarar la negociación con Mauricio Macri por el Presupuesto 2019, que, más allá de la estrategia oficial de no negociar con el conjunto, se sigue presentando como “Gran Acuerdo Nacional”.

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El PJ se prepara

Del  lado peronista, aparece el ex intendente de Tigre y  ex candidato presidencial Sergio Massa como una de las figuras que, a diferencia de kirchnerismo, puede apostar por aunar al peronismo fragmentado.

Sergio Massa viajará este jueves a Santa Rosa para verse con el gobernador de La Pampa, Carlos Verna (foto2), con quien tiene una relación muy buena desde que presidía la Anses. Incluso propició el corte de boleta en 2015 cuando Massa fue candidato a presidente y el candidato oficial del peronismo era Daniel Scioli.

Verna encarna la línea más dura del peronismo con Macri y propone ni siquiera discutir con Macri. El pampeano suele repetir que el presidente se tiene que hacer cargo de la crisis.

Con la excusa de presentar su libro sobre seguridad, Massa se interiorizará en La Pampa sobre el plan de viviendas de Verna, uno de los más importantes del país, puesto que implicó la construcción de 40 mil casas en una provincia de poco más de 350 mil habitantes.

No es un dato menor que Massa irá acompañado de Diego Bossio, uno de los líderes del bloque de diputados que responde a los gobernadores.

El otro líder de esa bancada es el salteño Pablo Kosiner, cercano al gobernador Juan Manuel Urtubey. Kosiner formará parte de otra de las cumbres peronistas de este jueves: irá a Tucumán a verse con el gobernador Juan Manzur, acompañado por la massista Graciela Camaño.

Manzur tiene una postura menos confrontativa con Macri. La simultaneidad de ambas reuniones evidencia que las líneas más duras del peronismo y las más dialoguistas están tratando de confluir en un mismo espacio para encarar la negociación con Macri como un preludio del rearmado peronista con miras a 2019. Sea como sea el PJ  que gobierna en las provincias se las tiene que arreglar para obtener algo de parte del Gobierno, y a su vez no atarse a su imagen en el marco del ajuste… pero sin quedar a su vez como quien pone palos en la rueda presidencial.

TL

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